35 años con el corazón en el disparador


Prepare el bolso con lo indispensable para unos días, solo una muda de ropa, cepillo de dientes, era un viaje sin retorno. Lo más triste despedirme de mi familia en particular de mi madre con quien siempre he tenido una relación muy cercana, sabía que sería ella quien más sufriría la falta de su retoño.

Esa tarde lo de siempre, algo a lo que desde hacía un tiempo estábamos acostumbrados, caminar por una calle con una señal visual, esta vez al final de calle exposición en estación central, se acerca un vehículo y me recogen subo a la parte de atrás y me tapo con una frazada.

Iniciábamos así lo que después de unas horas conoceríamos como “operación siglo XX”, digo iniciábamos para referirme a la culminación de un proceso iniciado unas semanas antes cuando fuimos convocados como combatientes de frente Patriótico Manuel Rodríguez a una operación que cambiaría el curso de la historia y en la cual sólo había un uno por ciento de salir con vida, porcentaje que podría aumentar a cinco elevando el nivel de preparación combativa. 

Luego de un viaje relativamente corto llegamos a una casa de seguridad, para nosotros nuestro primer acuartelamiento, poco a poco fueron llegando otros hermanos; Alejandro, Fabián, Patricio, Juan, David y Daniel, casi todos nos conocíamos desde el comienzo de la preparación de la operación, salvo los dos últimos quienes se venían incorporando entiendo que en esa etapa.

Pasamos la noche entre alegres y tensos pues no teníamos detalle de la operación, solo sabíamos que probablemente muchos de nosotros no saldríamos con vida, alegres porque habíamos logrado una hermandad difícil de explicar en las condiciones en que nos desarrollábamos; pero era así alegres de estar entre tus pares. Estuvimos en ese primer acuartelamiento esa noche y todo el día, hicimos preparación combativa, practicamos tiro nocturno a la luz de una vela, hicimos juegos contamos chistes cualquier cosa para distraer la espera.

Cerca de las once de la noche, aparece vestida de jeans, botas altas y chaqueta, nuestra jefa, y hermana Cecilia Magni Camino, “Tamara”, luego de saludarnos afectuosamente como era su costumbre nos dijo que nos íbamos, afuera esperaba un jeep con el compañero “cesar” al volante, y emprendimos camino a lo desconocido.

No recuerdo el camino que tomamos, pues era norma de conducta no reparar en el camino, fruto de la clandestinidad en la que nos movíamos habíamos interiorizado el hábito de tratar de conocer lo menos posible de modo que si caíamos en manos del enemigo no podríamos entregar información pues la desconocíamos. No recuerdo si cuando subimos al vehículo o cuando ya habíamos iniciado la marcha, Tamara volteo de su asiento y nos ofreció un sorbo de “pisco”; es solo para que se enjuaguen la boca, si nos paran los “pacos” venimos de una fiesta dijo. Llegamos a Puente Alto y seguimos el camino a “san Juan de pirqué”, a todo esto entre nosotros muy callados especulábamos sobre la operación, surgieron diversas hipótesis ni una de ellas acertó a los verdaderos alcances de lo que en unos minutos más nuestros respectivos jefes de unidad pondrían en conocimiento. Cuando cruzamos el puente que une san juan de pirqué con el camino al volcán y enfilamos hacia el pueblito de “la Obra”; Tamara volteo y dijo: pongan atención “estamos en zona operativa”, unos minutos de camino luego un portón que se abre y llegamos a la casa de acuartelamiento, casa que por las características debía pertenecer a una familia de lo que hoy se conoce como ABC1.al entrar a una de las habitaciones donde estaban otros hermanos, algunos conocido y otros a los que conocimos en ese momento; mi primer pensamiento al ver en una de las paredes en completo orden aproximadamente treinta fusiles M-16, más una decena de cohetes Law “esto va en serio”, luego de los saludos fraternales, recuerdo entraron Ramiro, Jorge, Joaquín, Tamara, quien en ese momento nos presentó  al Comandante “Ernesto” , quien era el jefe de la operación, luego de ello Ramiro nos nombró diciendo; Marcos, Pedro, Fabián, Rodrigo ustedes vienen conmigo y nos condujo a otra de las habitaciones.

Una vez dentro nos pidió nos formáramos y nos habló, era lo que en términos militares se conoce como “esclarecimiento de la misión”, recuerdo que nos dijo que éramos parte del grupo de combatientes que tenían por objetivo “matar al tirano”, debo confesar que si en algún momento tuve dudas de que nos moriríamos en la operación en ese instante se disiparon; como no; si quien más y quien menos sabíamos que nos enfrentaríamos con lo más selecto del ejército chileno, la tropa elite del dictador. En ese minuto se apretó el estómago me invadió el temor talvez por la certeza de saber que no saldríamos con vida, en fin un montón de sentimientos difícil de describir, miedo, alegría; porque si la operación era exitosa comenzaba el principio del fin de la dictadura y contribuiría con mi granito de arena para ello, tristeza porque no vería más a quienes tanto amaba en fin; recordé una canción de Víctor Manuel que dice: “ya estás aquí de pie hay que apretar el puño y caminar”.  

A partir de ese minuto señalo estábamos en “disposición combativa completa” como se dice en la jerga militar, pidió a Marco le acompañara y volvieron con cinco fusiles M-16, tres lanzacohetes Law y alrededor de 10 granadas caceras hechas en latas de duraznos en conserva que aun conservaban sus etiquetas amarillas. Cada uno de nosotros eligió un fusil, recuerdo las risas de todos cuando Fabián dijo que el suyo no era de los internados en carrizal; si, no de Bahía Inglesa, con el transcurso de las horas fuimos interiorizándonos de la misión específica de cada uno: la mía La de Fusilero; debía proteger con fuego de fusilería a Ramiro y Marcos quienes premunidos de lanzacohetes tenían por misión eliminar los “mercedes” que formaban parte de la comitiva y en uno de ellos viajaba el tirano. Recuerdo que en algún minuto se asomó a la puerta de la habitación una compañera, quien nos dijo que nos traería la comida “pollo asado y ensalada Rusa”, yo no tenía animo de comer, la verdad es que yo creo que el miedo me había quitado el hambre.  

Mientras todos o casi todos en esa pieza comían o a lo menos lo intentaban yo me senté en el suelo apoyado en el marco de la puerta, mirando el pasillo que unía a las demás habitaciones, nunca me gusto el encierro y de esa forma sentía que el encierro era más llevadero. Imagino que algo similar ocurría en las otras habitaciones pues de acuerdo a la conformación de las unidades cada jefe de unidad había distribuido a la suya en las distintas habitaciones, esta distribución era más o menos la siguiente: unidad de contención, unidad asalto N° 1, unidad de asalto N° 2 y unidad de retaguardia. Habían pasado un par de horas y se cortó la luz, sentimos un tiro, luego supimos que a Joaquín en medio de la oscuridad de la cocina al bajar por una escalera de caracol que daba al patio se le escapo un tiro, se restableció la luz se organizaron las guardias y a dormir quienes podían; debo confesar que yo no pude. Me toco una guardia junto con Marcos no recuerdo la hora debe haber sido entre las seis y siete de la mañana, al amanecer comenzó una frenética actividad para usar el baño es necesario indicar que debíamos aparentar normalidad en aquella casa que según supimos después había sido arrendada con “cuidador incluido”, cuidador que por lo demás no tenía idea que dentro de aquella casa albergaba un nutrido grupo de “terroristas” armados hasta los dientes. Desayunamos y luego repasamos las misiones de cada uno, usando los cargadores de los fusiles, para simular la distribución de los autos de la comitiva del tirano, contamos chistes para disipar un poco lo que sería la tensa espera del aviso señalando el regreso del tirano de su descanso de fin de semana.

Deben haber sido las cinco de la tarde de ese sábado 30 de agosto cuando Tamara paso por cada una de las habitaciones conminándonos a salir, fuimos saliendo uno a uno con nuestro fusil al hombro y nos formamos en el pasillo al compás de los sones de las últimas palabras de “salvador Allende” musicalizadas por el grupo “Napalé”, José Joaquín Valenzuela Levi, “Ernesto” nos habló de la importancia histórica de nuestra misión, recuerdo que señalo que las circunstancias en las que nos encontrábamos eran similares a las de Salvador Allende en aquel 11 de septiembre 13 años antes, sus palabras fueron tan emotivas que sentí un nudo en la garganta y en ese momento creo que los temores que aún me embargaban se disiparon, claro; existía la posibilidad cierta de morir; pero si ello significaba el fin de la dictadura bien valía el sacrificio.

Tengo la certeza de que muchos de los hermanos que allí nos encontrábamos tuvieron similares sentimientos, luego de las palabras de Ernesto, cada unidad volvió a su respectiva habitación y el ambiente fue claramente distinto. Hicimos juegos, contamos chistes, creo que por la noche bajamos al patio y jugamos ping – pong, Ramiro organizo un juego, que debo decir, y si alguna vez hermano lees esto era súper fome.

Más tarde a los dormitorios, en algún momento de esa noche nos sacaron por grupos en los autos y fuimos a la zona de la emboscada para conocer el terreno luego volvimos a la casa, se organizaron las guardias, nuevamente me toco la guardia con marcos a quien comenzamos a llamar “Trotil” por qué era la forma como lo llamaba Ramiro, desde ese acuartelamiento Marcos se había transformado un poco en mi protector, quizá porque yo era uno de los más chicos del grupo siempre estaba pendiente de mí; un par de años más tarde su comportamiento hacia mí fue el mismo cuando nos tocó cumplir misión internacionalista en Nicaragua.

La mañana del domingo 31 de agosto fue similar a la anterior, con la salvedad que oímos que en una de las guardias habían visto pasar por el camino y en dirección a Santiago una caravana de vehículos con balizas, recuerdo que también se nos ordenó en un momento de esa mañana permanecer en nuestras piezas lo más callados posibles porque al parecer visitaría la casa el dueño a quien se la habían arrendado. La tarde paso sin sobresaltos hasta aproximadamente las cuatro y media de la tarde, cuando luego de sentir el teléfono, Tamara paso por las piezas diciéndonos algo así como “ya vamos”, nos paramos de un salto Marcos cogió un bolso deportivo grande donde estaban los fusiles, yo debía coger una bolsa donde estaban las granadas caceras y nos dispusimos para salir, cuando comenzábamos a salir, Tamara nos dijo que era solo un simulacro para ver nuestra disposición combativa. Fueron pasando las horas en la espera de la comunicación de que el tirano venia en camino, pero esta no llegó, había oscurecido ya, cuando luego de una reunión entre los jefes de unidad se nos informó que el tirano había bajado la noche anterior, esos eran los autos que vieron los hermanos de la guardia; por lo que la operación se posponía por una semana; que no podíamos estar durante ese tiempo en esa casa por los riesgos que ello implicaba, pero que debíamos permanecer juntos , por lo que al otro día saldríamos de ahí cada uno iría a su casa a buscar ropa para una semana y nos juntaríamos por la tarde en las puertas del parque O’Higgins que los que tuvieran objetos religiosos como biblias, crucifijos los lleváramos. 

Temprano en la mañana fuimos saliendo en grupos nos dejaron en el camino y cada uno tomo locomoción a sus respectivos destinos, recuerdo que acorde con David juntarnos para pasar la tarde juntos, la verdad es que yo no quería quedarme en mi casa hasta la hora convenida de juntarnos en el parque, no quería toparme con mis hermanas o mis padres verlos me producía un poco de dolor. Así que llegue a la casa salte la reja pues no tenía llaves cogí un poco de ropa y salí. Recuerdo que converse con Isaac en ese tiempo mí mejor amigo a quien le hable de que participaría de una operación en que quizá no saldría con vida y le di la responsabilidad de explicar a mi familia. 

A la hora acordada nos juntamos con David, entramos al cine toda la tarde, y luego nos dirigimos al parque, poco a poco fueron llegando todos los hermanos, una vez que hubieron llegado nos subimos a un bus” Santiago cajón del Maipo”; destino “San Alfonso” llegamos alrededor de la nueve de la noche a la hostería “Carrio” en el camino nos habíamos enterado que pasaríamos unos días ahí con la leyenda de ser un grupo de seminaristas de la congregación de Schoenstatt, para eso eran los artículos religiosos, para reforzar nuestra leyenda.  

Fue una semana complicada por lo difícil que significaba representar ser un religioso, estábamos acostumbrados a otros hábitos, a decir garabatos etc., recuerdo que el lobo “Joaquín” nos llamó la atención un par de veces a Daniel y a mí porque utilizábamos la guitarra que alguien había conseguido, para cantar al Pato Manss, cantautor del cual éramos seguidores. Un día ramiro llego con una pelota y organizó un partido de futbol entre nosotros en la cancha del pueblito que estaba ubicada en frente de la hostería, recuerdo que salí entre medio de dos hermanos pues tenía el temor de que algún familiar de uno de mis cuñados me pudiera reconocer, pues sus padres y hermanos Vivian ahí, incluso la botillería que estaba en frente de la hostería aun es propiedad de uno de ellos.

Fue una semana que no sirvió para repasar la operación, además de crear una mística entre nosotros que pocas veces antes la había visto, se generó una tremenda confianza en el éxito de la operación. 

El día viernes cuatro de septiembre como a las cuatro Ramiro y el Lobo nos dijeron que nos iríamos y consiguieron con el hijo del dueño de la hostería nos tirara hacia Santiago, pues ese día había protesta nacional y no había buses, así que nos fuimos en una camioneta todos apretujados cantando himnos religiosos, “alabare, alabare, a mi señor”. Cuando llegamos a las vertientes ramiro que iba en la cabina nos preguntó si queríamos caminar y todos en coro dijimos siiiii, bajamos el chofer de la camioneta dio la vuelta y nosotros caminamos por la berma a los pocos minutos aparecieron los vehículos a los cuales fuimos subiendo y tapándonos con frazadas y nuevamente en la casa de la obra.

Esa noche no hubieron novedades, el sábado en la mañana nos informaron de la decisión de la dirección nacional de que Tamara no participara de la operación y en su reemplazo estaría un tremendo cuadro y hermano me refiero a Julio Guerra Olivares “Guido”, quien se incorporó a la unidad de asalto número 1, junto a el repasamos muchas veces la operación, recuerdo que nos hacía taparnos con los colchones de la cama para ver cuánto tiempo demorábamos en sacárnoslos de encima, pues ese era según el el tiempo que tendrían los escoltas del tirano en abrir las puertas de los autos y responder a nuestro fuego de fusilería.

El domingo nos despertamos, la rutina del baño y desayuno fue la misma de los días anteriores, almorzamos y comenzó la tensa espera, no recuerdo bien la hora deben haber sido las seis de la tarde cuando sentimos el sonido del teléfono, nos paramos como impulsados por un resorte, sabíamos lo que ello significaba; la espera había terminado.

Recuerdo que Trotil cogió, el bolso yo la bolsa de las granadas y salimos al pasillo al final del pasillo esperaba un auto con Víctor al volante , nuestra querida flaca deseándonos suerte  y las últimas palabras de salvador allende de fondo sonoro, subí al auto sentado en las rodillas de ramiro, el lobo en el portón; salimos camino al mirador de la cuesta, no sé si era el miedo o la adrenalina, pero mi boca estaba seca, ramiro me pregunta ¿cómo estas Rodrigo?, bien le contesto ¿quieres chicles? Si le digo; y saca una caja de chicles Adams, tomo dos y los hecho en mi boca. Llegamos al mirador bajamos de los autos y caminamos por el terraplén de la antigua line férrea, recuerdo que al ir subiendo me fije que en la puerta de una iglesia evangélica estaba imagino el pastor esperando a los feligreses para el culto de esa tarde, pensé ni se imaginan lo que se les viene.

Nos ubicamos en el lugar, pegados a la ladera del cerro, Trotil fue sacando los fusiles y yo las granadas, Ramiro dio la orden de tomar nuestras posiciones, al ir acercándome mire hacia mi izquierda y en el cruce hacia san juan de pirqué vi un furgón de pacos, que según el plan no debería estar ahí, me di vuelta y le dije a Ramiro; me respondió “peor para ellos”, fue en ese momento cuando vi pasar las primeras balizas, luego un rafagazo, siento frenazos, uno de los mercedes queda casi enfrente mío comienzo a disparar de reojo veo a ramiro apuntar el low dispara no sale, lo cierra y cuando lo despliega sale el cohete rosa el techo de un auto e impacta en un poste, trotil que está a mi izquierda trata de disparar el low tampoco sale , lo cierra lo vuelve a desplegar apunta y el cohete impacta en el mercedes sin explotar; a todo esto no teníamos resistencia veo a algunos escoltas correr zigzagueando y lanzarse al barranco, escucho gritos “ríndase conchas de su madre”, no sé si son ellos o son los hermanos que combaten en la vanguardia, han pasado pocos minutos y parece un infierno explosiones, humo, veo saltar la tapa del maletero de un auto los minutos se hacen interminables, unos de los escoltas corre y le disparo se pone las manos sobre la cabeza y salta, pienso, maricones culiaos prefieren el barranco a combatir, siento unos pitazos es la señal de retirada ramiro me indica que salga, camino por el terraplén a medida que voy caminando puedo tener una visión de los que sucede en la vanguardia dos autos incendiándose, puedo distinguir la silueta de una persona en el interior de uno de ellos, escucho los gritos de dolor de uno de los escoltas. Comenzamos a retirarnos corro hacia donde están los autos me parapeto a la entrada de una casa, cuando corría pude ver al pastor de la iglesia tirado en una zanja. Subimos a la camioneta una Toyota cruiser y emprendimos la retirada rumbo a Santiago todos los vehículos con balizas similares a las utilizadas por los “chanchos”, recuerdo que junto a la negra Fabiola íbamos llenando los cargadores de los fusiles, en el camino nos enteramos que uno de los motoristas se les había arrancado a los hermanos encargados de neutralizarlos, por lo que suponíamos que en las vizcachas nos íbamos a agarrar con los pacos del retén. Todos desbordábamos alegría, recuerdo que Enzo que iba manejando bromeaba con el sonido de la baliza, al llegar al retén Ramiro dice: Prepárense, cual sería nuestra sorpresa cuando el paco de la moto levanta la barrera y nos saluda llevándose la mano a la frente, pensé estos weones están locos o están recagados de miedo, hoy creo que era un poco de ambas cosas, pasamos raudos y tomamos lo que hoy es avenida la florida, mientras bajábamos, subían camiones con milicos, autos de chanchos, buses con pacos, nadie reparaba en nosotros que íbamos en la misma actitud de prepotencia que ellos usaban, recuerdo que subía un bus de pacos y atrás un motorista; este se detuvo e hizo el amago de devolverse, pero lo pensó mejor y siguió rumbo al cajón del Maipo, más o menos en lo que es el paradero 24 de avenida la florida donde había una bomba de bencina, doblamos hacia el poniente, Enzo no reparo en una tremenda zanja que había y salto; pinchamos un neumático y yo me pegue con la punta del fusil en la frente. Llegamos a la calle San José de la estrella y nos detuvimos a media cuadra de vicuña Mackenna, bajamos, dejamos los fusiles, cagadores y todo cuanto pudiera delatarnos y nos fuimos cada uno a tomar micro para su respectiva casa de seguridad, recuerdo que caminaba y me alcanza la negra me toma la mano y me dice: vámonos juntos Rodrigo como pololos, tomamos una micro al avanzar por el pasillo pude ver  Enzo sentado y con una biblia en la mano y otro compas que no recuerdo, avanzamos un par de cuadras y nos bajamos en Trinidad con Vicuña cruzamos a un boliche nos sentamos y pedimos dos piscolas, recuerdo que tenía la boca muy seca y me la tome de un trago, casi no hablamos, pero la negra se mostraba feliz, claro ella desde su posición no vio cuando los mercedes retrocedieron, pagamos cruzamos, tomamos una micro en dirección al centro de Santiago, a la altura de avenida Matta, los pacos empezaban a hacer registros en las micros, nos bajamos caminamos hacia Irarrázaval, entramos a un negocio que tenía teléfono e hicimos la llamada de normalización pre establecida, luego tomamos otra micro hasta pedro de Valdivia, luego otra hasta providencia, luego el metro, nos despedimos en la estación los héroes yo convine hacia  lo Ovalle a casa de Mario un amigo de la familia y militante comunista, cuando llegue se extrañó de verme y me conto su versión del tiranicidio.

Esa noche luego de un par de copas, pude ver en televisión lo que había visto aquella tarde: el tirano se nos había escapado.

Hoy al recordar pienso en aquellos que ya no están, Ernesto, Tamara, Guido, Daniel, en nuestro comandante José Miguel, en aquellos que aun hoy no pueden vivir en chile, en Ramiro preso en condiciones inhumanas en Brasil, en mis hermanos que siguen sobreviviendo; y si lo Hubiésemos matado: ¿habríamos cambiado la historia?

Dedicado a todos mis hermanos que ese 7 de septiembre estuvieron conmigo

Con el corazón en el disparador

 

Nota :Relato de un combatiente rodriguista hace algún tiempo. 

   

   

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *