77º aniversario de la victoria sobre el fascismo “Día de la Victoria en la Gran Guerra Patria”


 

Javier Muñoz Ortiz

Fascismo; “…es la dictadura terrorista abierta de los elementos más reaccionarios, chovinistas e imperialistas del capital financiero…”

Documentos del XXII Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética

 

Introducción:

Han pasado 77 años desde el final de la Gran Guerra Patria. Varias generaciones han crecido a lo largo de los años. El mapa político del planeta ha cambiado. La Unión de Republicas Socialistas Soviética que logró una victoria épica y aplastante sobre el nazismo y salvó al mundo entero se disolvió. Además, los eventos de esa guerra se han convertido en un recuerdo lejano, incluso para sus participantes. Entonces, ¿por qué celebrar el 9 de mayo?.

Porque los pueblos que hemos vivido bajo la bota fascista y hemos sufrido la pérdida de familiares, amigos y compañeros de lucha, encarcelados, torturados, quemados, violados, asesinados. No olvidamos.

Nuestro país, el fascismo no ha estado ajeno. En 1932 surgió el Movimiento Nacional Socialista (MNS), acaudillado por el abogado y parlamentario Jorge González von Marées. El 5 de septiembre de 1938 el MNS intentó un golpe de estado. Alrededor de cien jóvenes armados ocuparon la casa central de la Universidad de Chile y el edificio del Seguro Obrero frente a La Moneda (que hoy ocupa el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos). Los 60 sobrevivientes del putsch fueron ejecutados a balazos y bayonetazos por orden del presidente Arturo Alessandri Palma.

El 22 de octubre de 1970, otro grupo fascista asesinó al general René Schneider Chereau, comandante en jefe del Ejército. El objetivo era provocar caos social y político mediante el secuestro del general e impedir así que el Congreso Nacional ratificara la victoria de Salvador Guillermo Allende Gossens. Otro movimiento fascista, Patria y Libertad, surgió en esa época. Su objetivo: derrocar al presidente Allende. Su líder, el abogado Pablo Rodríguez Grez, dirigió sabotajes, crímenes, atentados y escaramuzas callejeras destinadas a provocar caos y desorden. Patria y Libertad recibía financiamiento empresarial y de la Agencia Central de Inteligencia (en inglés: Central Intelligence Agency “CIA”). Oficiales de la Marina chilena le proporcionaron instrucción, armas y explosivos.

En 1973, liderado por el Vicealmirante de la Armada, José Toribio Merino, y el comandante de la Fuerza Aérea, Jorge Gustavo Leigh Guzmán, el golpe fue planificado para el 11 de septiembre, debido a que ese día el ejército se encontraba concentrado en Santiago por la celebración de las Glorias del Ejército. El 8 de septiembre, el general Sergio Víctor Arellano Stark, solicitó el apoyo del general Augusto José Ramón Pinochet Ugarte, pero éste no dio una respuesta definitiva. Al día siguiente, Salvador Guillermo Allende Gossens, informó al Comandante en Jefe y otros generales del Ejército que había decidido convocar a un plebiscito, con el fin de dar una salida a la grave crisis política. Ese mismo día, los cabecillas del golpe contaron con el apoyo de Augusto José Ramón Pinochet Ugarte.

Los acontecimientos comenzaron a desarrollarse temprano. Informado de la sublevación de la Armada, Salvador Guillermo Allende Gossens, se dirigió raudamente al Palacio de La Moneda a las 07:30 horas, el que estaba custodiado por tanquetas de carabineros. Luego de conocido el primer comunicado de la Junta Militar, poco a poco se fueron retirando. Cuarenta y cinco minutos más tarde, se iniciaba el ataque al palacio de gobierno por tierra.

Según el informe de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación (conocido como Informe Rettig), el balance de todo el período de la dictadura fascista encabezada por Augusto José Ramón Pinochet Ugarte arroja 2.279 víctimas, de las cuales 164 son consideradas por la Comisión víctimas de la violencia política y 2.115 calificadas de víctimas de violación a sus derechos humanos.

En nuestro país, gente con dignidad enfrento al fascismo, me siento honrado al referirme a los luchadores antifascistas de nuestro país y en especial a los pueblos que constituían la disuelta Unión de Republicas Socialistas Soviética (URSS), que lucharon contra el nazismo alemán.

Y a medida que pasan los años, siento la necesidad de expresar, y creo que es importante que nuestros hijos, nietos y bisnietos entiendan el tormento y las dificultades que tuvo que soportar el pueblo soviético. Necesitan entender cómo ​​lograron perseverar y ganar ¿De dónde vino su fuerza de voluntad pura e inflexible que sorprendió y fascinó al mundo entero?. Claro, defendían sus hogares, hijos, seres queridos y familias. Sin embargo, lo que compartieron fue el amor por su patria, la Gran Guerra Patria.

Es por eso que confío en que uno de los rasgos característicos de los pueblos del mundo, es cumplir con su deber sin sentir pena por ellos mismos cuando las circunstancias lo exigen. Valores como el desinterés, el patriotismo, el amor por su hogar, su familia y su patria siguen siendo fundamentales e integrales para la sociedad actual. Estos valores son, en gran medida, la columna vertebral de la soberanía de nuestros pueblos.

Celebrar el 9 de mayo, es la marcha de la memoria que simboliza nuestra gratitud, así como la conexión viva y los lazos de sangre entre generaciones. Millones de personas celebran hoy, al pueblo que se fusiono con su Ejército Rojo para defender su patria y derrotar a los nazis. Esto significa que sus vidas, las pruebas y los sacrificios que sufrieron, así como la Victoria que nos legaron, nunca serán olvidadas.

Es esencial transmitir a las generaciones futuras el recuerdo del hecho de que los nazis fueron derrotados por todas las ex repúblicas de la Unión de Republicas Socialistas Soviética, que lucharon juntos civiles y militares en esa heroica batalla, tanto en el frente como en la retaguardia.

El triunfo de los pueblos que constituían la disuelta Unión de Republicas Socialistas Soviética sobre el nazismo:

El establecimiento del fascismo es un reflejo de la incapacidad de la burguesía dominante para mantener su poder recurriendo a los habituales medios democráticos. El fascismo actúa al frente de las fuerzas anticomunistas, su golpe principal va dirigido, contra los partidos comunistas y obreros, contra las demás organizaciones progresivas. El régimen fascista se implantó por primera vez en Italia (1922), luego en Alemania (1933) y en otros varios países.

En 1925, Adolf Hitler, Führer (líder) del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei “NSDAP”), con este partido, el fascismo alemán se presentó bajo la máscara del Nationalsozialismus (nacionalsocialismo), de la cual se desprenden dos palabras Nazi que proviene de dos sílabas del término Nationalsozialismus, y comúnmente acortado a nazismo.

Ese mismo año, fundó las Schutzstaffel (Escuadrón de Protección “SS). Organización que tenía, en un inicio la siguiente misión: proteger a Adolf Hitler y otros líderes y oradores nazis, proveer seguridad para las reuniones políticas.

El 20 de enero de 1929, cuando las SS contaban con 280 hombres, Adolf Hitler nombró a Heinrich Himmler Reichsführer-SS (líder de las SS del Reich). Heinrich Himmler consideró que esta era una buena oportunidad para desarrollar un cuerpo élite del partido nazi basado en las visiones nacionalistas raciales, y que la lealtad a Adolf Hitler era la personificación del futuro de la nación alemana. Mediante una rigurosa selección de candidatos para el ingreso a las SS basada en la ascendencia racial y la fiabilidad política, transformó a las SS en una guardia de élite, con una absoluta lealtad al liderazgo de Adolf Hitler del movimiento nazi y la nación alemana y a la visión de Adolf Hitler del futuro a largo plazo del Deutsches Reich o tercer Reich (Imperio alemán).

Antes de que los nazis tomaran el poder en Alemania, Heinrich Himmler introdujo dos funciones clave para las SS: seguridad interna y custodia de la pureza racial. Inspirándose en el lema de las SS, Mi honor es lealtad, Heinrich Himmler creó el Servicio de Seguridad (Sicherheitsdienst “SD”) en el verano de 1931. El SD reunió información de inteligencia sobre los opositores de Adolf Hitler dentro del partido nazi, los líderes y las actividades de otros partidos políticos, además de funcionarios del gobierno federal y local. En agosto de 1934, Rudolf Hess, segundo líder del partido nazi, anunció que el SD sería a partir de ese momento la única agencia autorizada para reunir y analizar información de inteligencia política en el Tercer Reich.

Cuando los nazis tomaron el poder en enero de 1933, las SS tenían más de 52.000 miembros. El 2 de julio de 1934, Adolf Hitler anunció que las SS era una organización independiente. Heinrich Himmler, el jefe de las SS, era ahora subordinado de Adolf Hitler en la nueva función de este, como Führer de Alemania. Como Führer, Adolf Hitler ya no era un político ni ejecutivo regido por las limitaciones legales del estado alemán, sino más bien un símbolo de la supervivencia y la grandeza futura de Alemania, con autoridad para actuar más allá de las leyes del estado con el fin de garantizarlas. La subordinación de Heinrich Himmler a Adolf Hitler dentro de la cadena de mando fue la base del inmenso poder que las SS acumuló durante el régimen nazi.

Como jefe de las SS, Heinrich Himmler recibió autoridad directamente de Adolf Hitler para llevar a cabo políticas ideológicas que las leyes del estado no permitían. Esta autoridad del Führer basada en la ideología permitió la autorización de la encarcelación indefinida en el sistema de campos de concentración y el asesinato masivo.

El objetivo final de la política exterior nazi era la conquista del Lebensraum (espacio vital) alemán. Su imperialismo era a la vez económico y racial. Adolf Hitler sostenía que el pueblo elegido (la raza superior) debía disponer de suficiente espacio, definido como una relación entre los recursos (tierras, alimentos) y la población (Augusto Pinochet basándose en este concepto escribió un libro relacionado con la Geopolítica de la Editorial Andrés Bello, 1968). Su objetivo inmediato eran las tierras de Europa del Este, pobladas por razas consideradas por ellos como inferiores.

La política interior totalitaria del Tercer Reich estaba al servicio de su política exterior expansionista. El totalitarismo creaba las bases materiales y psíquicas para la conquista exterior y, al mismo tiempo, los grandes éxitos y la conciencia de la misión de la raza distraerían a la población de la represión interna.

Adolf Hitler, expresó desde un principio su voluntad de rearmar Alemania. Primero en secreto, luego se hizo público después de 1935 y fue tolerado por las naciones europeas que estaban más preocupadas por el avance del comunismo que del nazismo. La política inglesa y francesa fue la del apaciguamiento, que consistía en conceder a Adolf Hitler aquello que reclamaba y firmar nuevos pactos, apostando con esto a mantener a los nazis bajo control.

 Crecimiento del Ejército, mejor entrenamiento, producción de barcos de guerra, aviones, tanques y municiones, e investigación de nuevos tipos de armamento, absorbieron grandes recursos estatales. Por otro lado, el rearme permitió mayor empleo con lo que pudo sortear la crisis de 1929. Esto reactivó la economía alemana y trajo un nuevo prestigio al Tercer Reich.

En 1936, las fuerzas militares alemanas reocuparon sorpresivamente Renania (nombre con el que se designa a las tierras de ambos lados del río Rin, al Oeste de Alemania). Desde ese momento y hasta 1939, la táctica consistió en ataques justificados por el derecho alemán al espacio vital, seguido con nuevas promesas de paz.

Al episodio de Renania le siguió la intervención en la guerra civil española y la anexión de Austria en 1938. La semidictadura austríaca intentó en vano impedir la campaña de anexión de los nacionalistas austríacos y dejó finalmente el poder a los alemanes en 1938. Un plebiscito a favor de la Gran Alemania confirmó la Unión.

El siguiente objetivo fue Checoslovaquia, donde un conflicto con la minoría alemana de los Sudetes (cordillera de Europa central, que se extiende desde la ciudad alemana de Dresde, por el Oeste, hasta la  República Checa, por el Este, incluyendo además una parte de Polonia), le sirvió de excusa para la anexión de la región en 1938. Inglaterra y Francia accedieron a estas pretensiones alemanas por medio de los Acuerdos de Múnich (los cuales fueron aprobados y firmados durante la noche del 30 de septiembre de 1938 por los jefes de gobierno del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, Francia, Italia y Alemania, con el objetivo de solucionar la Crisis de los Sudetes) y Checoslovaquia debió ceder. Pero Adolf Hitler invadió el resto de Checoslovaquia en 1939. Esto puso de manifiesto su verdadera intención y el fracaso de la política de apaciguamiento de Inglaterra y la Republica Francesa. Cuando, tras firmar un pacto de no agresión con la disuelta Unión de Republicas Socialistas Soviética, Adolf Hitler se lanzó en septiembre de 1939 a invadir Polonia, la Republica Francesa e Inglaterra le declararon la guerra. Así comenzaba la Segunda Guerra Mundial.

Adolf Hitler y los generales alemanes habían aprendido una lección importante en la Primera Guerra Mundial. Alemania no podría ganar una guerra que se prolongara en el tiempo. Para ganarla tendría que asegurar una victoria rápida, de ahí nace el concepto de la blitzkrieg (guerra relámpago).

Para llevar a buen término esta victoria rápida, Alemania, durante la década de 1930, se había preparado, produciendo grandes cantidades de tanques, aviones y camiones para transportar sus tropas. Esta preparación, permitió a la Wehrmacht (fuerzas armadas alemanas) compuestas por el ejército (armee), la marina de guerra (Kriegsmarine), la fuerza aérea (Luftwaffe) y los Escuadrones de Protección (SS), aplastar en pocas semanas las defensas polacas, holandesas, belgas y francesas con miles de aviones y tanques.

Durante los primeros tres años de la Segunda Guerra Mundial, la Wehrmacht logró victorias completas y resonantes, derrotando a los ejércitos europeos con relativa facilidad, debido al empleo de una oficialidad muy competente, a sus tácticas veloces y masivas, el logro efectivo y rápido de objetivos, con suministros y logística muy eficaces, sumado a la existencia de armamento avanzado, con tanques muy rápidos y una aviación táctica adaptada a las nuevas estrategias, hicieron del ejército alemán el más efectivo y poderoso de la época.

Estas victorias de hecho, fueron rápidas, pero la guerra recién comenzaba, y se convirtió en el mayor enfrentamiento armado de la historia de la humanidad y se prolongó casi cuatro años. Adolf Hitler, aseguro y consolido posiciones al Oeste, con el objetivo de garantizar la seguridad en la retaguardia y prepararse para el asalto al territorio que ocupaba la disuelta Unión de Republicas Socialistas Soviética.

El Alto Mando Alemán planifico la invasión a dicho territorio, para el 7 de mayo de 1941. Sin embargo, ésta no se pudo concretar debido a que los tanques del mariscal de campo Siegmund Wilhelm Walther List, se habían desplazado de ida y vuelta hasta el Peloponeso (península de Grecia), por lo que necesitaban ser reabastecidos, reparados y las tripulaciones debían descansar.

La Operación Barbarroja, fue el nombre en clave para la invasión al territorio de la disuelta URRS, por parte de la Alemania nazi y sus aliados, la cual comenzó, sin previa declaración de guerra, el domingo 22 de junio de 1941. La operación puso en acción el objetivo ideológico de la Alemania nazi que incluía el exterminio, esclavización, germanización y deportación masiva de los pueblos eslavos, y así conseguir más espacio vital para Alemania.

En la ofensiva alemana, participaron alrededor de 3.200.000 soldados alemanes y cerca de 12 millones de soldados de países aliados a la Alemania nazi; contaban con la siguiente técnica de combate; 600.000 vehículos, 3.648 tanques, más de 2.700 aviones y algo más de 7.000 piezas de artillería. Invadieron a la disuelta Unión de Republicas Socialistas Soviética, en un frente de más de 3.200 kilómetros. Ese día de junio, las Repúblicas Unidas, se enfrentaron, al ejército más efectivo y poderoso de la época, con un potencial industrial, económico y militar de casi toda Europa trabajando para ello.

La táctica envolvente que los alemanes utilizaron contra las Repúblicas de la disuelta Unión Soviética, consistía en la embestida profunda y localizada contra el frente que defendía el Ejército Rojo, con la mayor concentración de fuerzas y armas de apoyo, para posteriormente enviar a través de la brecha conseguida las reservas acorazadas y motorizadas. La velocidad de estas fuerzas permitiría en una fase posterior de la batalla, rodear y aniquilar a las fuerzas del Ejército Rojo.

Al principio, la Operación Barbarroja, funcionó según lo planeado por Adolf Hitler: Smolensk, una ciudad fuertemente defendida por el Ejército Rojo, situada a unos 640 kilómetros detrás de la frontera soviética, este primer Frente cayó en un mes y a fines de noviem­bre, después de haber tomado tres millones de pri­sioneros y destruido o capturado 18.000 tanques y 20.000 aviones, el Ejército Rojo retrocedió, y los alemanes avanzaron hasta cercar por el norte, Leningrado (hoy San Petersburgo) y las inmediaciones de Moscú.

Operación Barbarroja, foto pág. Web.

 

Estas derrotas tácticas, en 1941 llevaron a la disuelta URSS a una pérdida significativa de sus fuerzas. Sin embargo, lograron resistir la embestida, movilizando a nivel nacional e intensificando todos los esfuerzos del estado y el pueblo.

Fábricas e industrias evacuadas al Este del país, fotos pág. Web.

En el verano de 1941, millones de ciudadanos, cientos de fábricas e industrias comenzaron a ser evacuadas bajo fuego enemigo al Este del país. La fabricación de armas y municiones, que ya se había comenzado a suministrar al frente, se inició, desde la retaguardia en el menor tiempo posible y, en 1943, se superaron las tasas de producción militar de Alemania y sus aliados. En dieciocho meses, el pueblo soviético hizo algo que parecía imposible. Tanto en el frente como en la retaguardia. Todavía es difícil darse cuenta, comprender e imaginarse los esfuerzos increíbles que hubo de realizar el heroico pueblo soviético.

Luego de la ofensiva nazi, el Ejército Rojo realizo contraataques y frenó el avance alemán. El Partido Comunista de la disuelta Unión de Republicas Socialistas Soviética, elegía a un oficial y lo mandaba a la retaguardia enemiga, con la misión de reclutar y armar grupos de partisanos, y realizar acciones en la retaguardia enemiga, acciones de sabotaje a las comunicaciones y al abastecimiento. Se formaron varios grupos de partisanos armados en oposición a la ocupación alemana en Estonia, Lituania, Letonia, Ucrania y Bielorrusia.

Un día antes de comenzar la operación Barbarroja, el 21 de junio de 1941 le fue presentada oficialmente a Joseph Stalin una nueva arma secreta a la que pronto los soldados soviéticos darían el nombre de Katiuska. Los alemanes, quienes temían el efecto de estas armas, las llamaron los órganos de Stalin por el ruido que producían los cohetes al ser lanzados.

Lanzacohetes múltiples BM-13 Katiuska, foto pág. Web.

 

Los lanzacohetes múltiples BM-13 (Katiuska) lanzaban explosivos a un objetivo más rápido que los cañones de artillería, pero con menor precisión y requerían más tiempo para recargar. Los Katiuskas en la Segunda Guerra Mundial, fueron producidas en masa por los trabajadores soviéticos, generalmente se montaban en camiones comunes, lo que les dio a los Katiuska, otra ventaja: lanzar los cohetes, y luego moverse antes de ser localizado y atacado.

Tras la orden de producirlos en serie y el comienzo de la invasión alemana, el Ejército Rojo tan solo disponía de siete lanzacohetes múltiples. El 28 de junio, el capitán Iván Fliórov, recibía la orden de formar con los siete prototipos una unidad experimental, convirtiéndose en el primer comandante de una batería de Katiuska.

Esta unidad experimental, se utilizó por primera vez en la ciudad bielorrusa de Orsha (500 kilómetros al Oeste de Moscú) el 14 de julio. Orsha acababa de ser tomada por la Wehrmacht, por lo que se concentraba un gran número de soldados alemanes, material bélico y municiones. La batería de Katiuska, bombardeó la zona y se retiró. El jefe del Estado Mayor de la Wehrmacht, el coronel general Franz Halder, escribió en su diario de campaña: “Los rusos usaron un arma desconocida hasta ahora. Una tormenta de proyectiles quemó la estación de ferrocarril de Orsha, todas las tropas y el material militar. El metal se derretía y la tierra ardía”.

Los rápidos avances de las fuerzas alemanas forzaron la evacuación de las fábricas de tanques hacia los montes Urales. La aparición del tanque T-34 en el verano de 1941 fue una sorpresa para los soldados alemanes, que habían sido preparados para enfrentarse a un enemigo inferior. Hasta 1941 las divisiones Panzer alemanas habían tenido bastante éxito. Ahora en territorio soviético, se encontraban inesperadamente con una serie de tanques contra los cuales sus Panzer III quedaban totalmente superados y muchas de sus armas antitanques eran ineficaz.​

MIkail Kushkin diseñador del T-34, fotos pág. Web.

 

El primer encuentro de los tanques alemanes con los T-34 tuvo lugar el 22 de junio de 1941 en Ucrania. Una columna del 15º Regimiento Panzer fue atacado por 30 tanques T-34 del Regimiento de Entrenamiento de Tanques de Lvov. Las pérdidas alemanas fueron de 3 Panzer IV y 2 Panmzer III.

Durante la Batalla de Moscú el general Gueorgui Konstantínovich Zhukov organizó a los T-34 en escuadrones autónomos y mejoró el entrenamiento, haciendo más efectiva la labor de los tanques. Los tanques iban desde los talleres al frente, conducidos por los propios trabajadores de la fábrica.

Los T-34 conducidos por los trabajadores al frente, foto pág. Web.

La victoria del pueblo y el Ejército Rojo en Moscú y la entrada de Estados Unidos en el conflicto, el día 7 de diciembre de 1941, tras el ataque japonés a la base estadounidense de Pearl Harbor, fueron los factores determinantes para la formación de la alianza antifascista, liderada por estas dos potencias e Inglaterra. La alianza se formalizó a partir del 1 de enero de 1942, cuando fue firmada por las tres potencias y otros 23 países la Declaración de las Naciones Unidas, en la que los signatarios se comprometieron a cooperar para lograr la derrota incondicional de Alemania y sus aliados. Fue a partir de este momento cuando la disuelta Unión de Republicas Socialistas Soviética, que ya soportaba el peso fundamental del conflicto, comenzó a recibir la ayuda de la ley norteamericana de Préstamo y Arriendo, que aunque útil nunca representó más del 5 % del esfuerzo de guerra de los pueblos de la disuelta URSS. A pesar de la derrota sufrida en Moscú, el ejército alemán y sus aliados, mantenían la iniciativa. Las tropas fascistas llegaron hasta la ciudad de Stalingrado (actual Volgogrado), desde donde el mando alemán pensaba organizar un nuevo ataque a Moscú siguiendo la cuenca del Volga. Mientras tanto, las fuerzas alemanas comandadas por el mariscal Johannes Erwin Eugen Rommel, avanzaban en el Norte de África, pese a la resistencia de los ingleses y de las tropas estadounidenses. Los japoneses, por su parte, continuaban expandiéndose en Asia y el Pacífico (Tailandia, Malasia, Singapur, Filipinas, Hong-Kong y las islas de Guam y Wake).

Aprovechando que el ejército alemán concentro su atención y recursos para la batalla de Stalingrado, las tropas anglo-norteamericanas pudieron realizar amplias operaciones en el Norte de África, desde noviembre de 1942. Con superioridad en hombres y material bélico, los aliados occidentales fueron venciendo la resistencia de las fuerzas ítalo-alemanas, integradas por unos doscientos cincuenta mil efectivos, hasta vencerlas definitivamente en mayo de 1943. La batalla más importante en aquel teatro de operaciones fue la de El Alamein (a unos 106 kilómetros de Alejandría), en el territorio de Egipto. En ella el mariscal inglés Bernard Law Montgomery, venció al mariscal Johannes Erwin Eugen Rommel, jefe del África Korps, obligándolo a retroceder. Y mientras finalizaba la guerra en el escenario africano, en el Pacífico la balanza se inclinaba progresivamente contra Japón, particularmente en el mar, donde comenzó a declinar su poderío frente a los ataques de la escuadra estadounidense. Esto se manifestó claramente a partir de la derrota nipona en la batalla de Guadalcanal (en el sur de las islas Salomón), concluida en febrero de 1943.

El 23 de agosto de 1942, el ejército alemán avanzo sobre la ciudad de Stalingrado, realizando un masivo bombardeo durante muchas horas. Según los testigos, el cielo estaba negro de tantos aviones. Más de 40 mil personas murieron ese día y 80 mil resultaron heridas o quemadas. La mitad de la ciudad fue destruida, las llamas subían por cientos de metros en el aire y el río Volga, cubierto de petróleo, ardía.

Ataque a Stalingrado, fotos pág. Web.

 

La batalla de Stalingrado, una de las más grandes de la contienda mundial, cambió definitivamente el curso de la Gran Guerra Patria y de toda la guerra. En ella combatieron alrededor de dos millones de soldados, más de dos mil tanques y cerca de tres mil aviones. El Ejército Rojo logró aniquilar total o parcialmente a dos ejércitos enemigos y capturaron poco más de noventa mil prisioneros, incluyendo al jefe del VI ejército germano, el mariscal Friedrich Von Paulus, ascendido por el Führer el 30 de enero de 1943, un día antes de rendirse. El Ejército Rojo destruyó al enemigo una enorme cantidad de material bélico y le ocuparon unos setecientos cincuenta aviones, mil quinientos cincuenta carros de combate, casi quinientos coches blindados, ocho mil cañones y cerca de sesenta mil camiones. A partir de ese momento el Ejército Rojo pasó a la ofensiva en todo el frente oriental.

El Ejército Rojo, sobreexplotó su victoria, llegando hasta más allá de Járkov, cerca del Cuartel General del mariscal de campo Fritz Erich Georg Eduard von Manstein, en Zaporozhye, donde fueron rechazados por una contraofensiva de este mismo mariscal de campo. De esta manera los alemanes capturaron de nuevo la ciudad de Járkov, formándose un saliente de la línea de defensa del Ejército Rojo (de 250 kilómetros de largo de Norte a Sur y 160 kilómetros de Este a Oeste), centrado en Kursk.

El 5 de julio del 1943, las fuerzas alemanas inician la ofensiva contra Kursk, dos semanas más tarde las fuerzas desplegadas por Alemania habían sido derrotadas. Esta fue la mayor batalla de tanques de toda la guerra. Se calcula que en ella participaron alrededor de seis mil quinientos tanques, además de cuatro mil aviones y poco más de dos millones de soldados, entre ambos bandos. Los alemanes perdieron el grueso de sus efectivos. A partir de ese momento, el Ejército Rojo toma la iniciativa estratégica en todo el frente Este. Los alemanes eran empujados cada vez más hacia el Oeste.

Aprovechando la coyuntura favorable propiciada por la batalla de Kursk, los aliados anglo-estadounidenses desembarcaron siete divisiones en la isla italiana de Sicilia, ejecutándose así la operación Husky, que Sir Winston Leonard Spencer Churchill, había concebido como un primer paso para organizar una ofensiva en los Balcanes con el objetivo de evitar el seguro avance de Ejército Rojo en esa zona. Pero la situación en la península aconsejó pasar al territorio continental, acción que precipitó el derrumbe del régimen de Benito Amilcare Andrea Mussolini, sustituido el 25 de julio por el gobierno del mariscal Pietro Badoglio, el que presionado por los aliados y para evitar una revuelta popular, le declaró la guerra a Alemania.

Hasta hoy, muchos historiadores y líderes políticos occidentales han atribuido, evidentemente con fines manipuladores de la opinión pública, un peso decisivo a las exitosas operaciones de los aliados en África del Norte e Italia, en las que apenas participaron un millón de hombres, considerando a los dos bandos beligerantes.

En realidad fueron los combates que se desarrollaron en Kursk y Stalingrado, los que facilitaron las victorias de los aliados en los escenarios africano e italiano. La cruenta lucha librada en el frente Este retenía más del 70 % de las fuerzas y de los recursos de los alemanes y no permitía el traslado de tropas hacia otros teatros de operaciones. Por su enorme envergadura y significación, las victorias del pueblo y Ejercito Rojo de la disuelta Unión de Republicas Socialistas Soviética, en Kursk y Stalingrado, propiciaron un viraje radical en el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial. A partir de aquel momento, Adolf Hitler perdió para siempre la iniciativa estratégica, al tiempo que se debilitó la alianza fascista y se fortaleció el espíritu de resistencia y la fe en la victoria de todos los pueblos. Así lo reconocieron millones de personas en todo el mundo y prestigiosas personalidades como el Presidente de Estados Unidos, Franklin D. Roo- sevelt, quien destacó la extraordinaria importancia de aquellas batallas, pues no se podía negar que el pueblo y el Ejército Rojo de la disuelta Unión de Republicas Socialistas Soviética, habían obligado, sin duda alguna, a las fuerzas armadas de Adolf Hitler a marchar por la senda de la derrota definitiva, y se habían ganado para largo tiempo la admiración del pueblo de Estados Unidos de América.

El papel determinante desempeñado por la disuelta Unión de Republicas Socialistas Soviética, y el que podría jugar en el futuro, obligó a los aliados occidentales a elaborar planes conjuntos con Joseph Stalin. Ello se puso de manifiesto en la Conferencia de Teherán, primera reunión cumbre de las tres grandes potencias de la coalición antifascista, celebrada del 29 de noviembre al 3 de diciembre de 1943, donde el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y Estados Unidos de América, aceptaron por fin la demanda soviética de abrir un segundo frente en Europa Oeste para acelerar el fin de la guerra, compromiso que habían rechazado con anterioridad con el pretexto de las acciones en África y luego en Sicilia.

Conferencia de Teherán; Joseph Stalin, Franklin D. Roosevelt y Winston Churchill, foto pág. Web.

 

La importancia del nuevo frente, que no se abriría hasta el 6 de junio de 1944, mediante el desembarco de Normandía, y tardó seis meses en liberar a Francia y rebasar sus fronteras, ha sido exagerada por los occidentales al extremo de considerarla la acción determinante de la Segunda Guerra Mundial en Europa. Efectivamente, contribuyó a la derrota alemana, pero es incomparable con el esfuerzo de guerra de los pueblos que conformaban la disuelta Unión de Republicas Socialistas Soviética, tanto militar como civil.

Durante 1944, mientras ingleses, canadienses y norteamericanos se preparaban para desembarcar en el Norte de Francia, el Ejército Rojo, en sucesivas ofensivas, liberó los territorios soviéticos que permanecían ocupados (regiones de Leningrado, Bielorrusia y Crimea, fundamentalmente) y comenzó su penetración en Europa Este y en los Balcanes. En agosto se rindió Rumania, en septiembre lo hicieron Bulgaria y Finlandia, en octubre fue ocupada Belgrado, con la ayuda de los partisanos de Tito, que para entonces habían liberado casi todo el país. En Hungría los fascistas opusieron una fuerte resistencia, pero la mayor parte del país tuvo que rendirse en diciembre, al mismo tiempo quedó liberada una parte considerable de Polonia.

En las postrimerías de 1944, la guerra en la zona europea entró en su etapa final. A mediados de diciembre, Adolf Hitler decidió emprender una ofensiva en la zona de las Ardenas (región en los países de Bélgica, Luxemburgo y una parte de la Republica Francesa). Se proponía atravesar El Reino de Bélgica hasta llegar a Amberes (ciudad Belga) y arrasar esta zona. Los aliados occidentales se vieron en serios apuros, acumulando numerosas bajas en efectivos y técnica militar. Por lo que acudieron a la disuelta Unión de Republicas Socialistas Soviética, para que adelantara su ofensiva de invierno, prevista para el 20 de enero de 1945. A pesar del tremendo esfuerzo que esto representaba, el Ejército Rojo, logra anticiparla en diez días, dicha ofensiva, lo que salvó a las tropas anglo-estadounidenses de una derrota segura. Los falsificadores de la historia no mencionan este hecho o lo tergiversan groseramente.

La gran ofensiva desencadenada por el Ejército Rojo, en enero fue decisiva en el futuro curso de la contienda. Atacó sin descanso en un frente superior a los mil kilómetros, desde el Báltico hasta los Cárpatos. Muy pronto ocuparon toda Polonia y penetraron profundamente en Alemania y Checoslovaquia. En ese ambiente, que preludiaba el fin victorioso sobre Alemania, se produjo la Conferencia de Yalta, en Crimea, que reunió por segunda ocasión a los jefes de las tres grandes potencias aliadas. La conferencia se desarrolló desde el 4 hasta el 11 de febrero de 1945, y en ella se coordinaron las operaciones militares de la fase final del conflicto y se examinaron importantes problemas relacionados con la conformación del mundo en la posguerra. El hecho de que el encuentro se efectuara en el territorio de la disuelta Unión de Republicas Socialistas Soviética, era un explícito reconocimiento a su extraordinario papel en la lucha.

Después de Yalta, el objetivo para todos los aliados era Berlín. Los ejércitos anglo-estadounidenses lograron pasar el rio Rhin a finales de marzo e iniciaron su avance hacia la capital alemana. El Ejército Rojo, por su parte, tras liberar a Austria, comenzó una poderosa ofensiva sobre Berlín, en la que participaron tres frentes del ejército, ocho mil aviones y más de seis mil tanques.

Ofensiva del Ejército Rojo sobre Berlín, foto pág. Web.

 

La toma de Berlín comenzó el 16 de abril de 1945 tras el ataque de dos grupos de ejércitos, por el Este y Sur, mientras que un tercero atacó las posiciones alemanas por el Norte de la ciudad.

 

Asalto al Reichstag, foto pág. Web

 

En las primeras horas del 29 de abril, el 3º Ejército de choque del Ejército Rojo, cruzó el puente Moltke y comenzó a desplegarse en las calles y edificios circundantes. ​Los asaltos iniciales a edificios, incluido el Ministerio del Interior, se vieron dificultados por la falta de apoyo artillero. No fue hasta que se repararon los puentes dañados que se pudo mover la artillería, para realizar el apoyo artillero. ​A las 04:00 horas, en el Führerbunker, Adolf Hitler firmó su última voluntad y testamento y, poco después, se casó con Eva Braun. ​Al amanecer, el Ejército Rojo, continuó con el asalto de la ciudad, en el Sur-este. Después de una lucha muy intensa, lograron capturar el cuartel general de la Gestapo en Prinz-Albrechtstrasse, pero un contraataque de las SS obligó a los soldados del Ejército Rojo a retirarse del edificio. Hacia el Sur-oeste, el 8º Ejército de Guardia atacó hacia el Norte a través del canal Landwehr en dirección al Tiergarten.​

Al día siguiente, 30 de abril, soldados del Ejército Rojo habían resuelto sus problemas con los puentes y con el apoyo de artillería y a las 06:00 horas, lanzaron un ataque contra el Reichstag (Parlamento alemán), pero debido a la decidida resistencia de los alemanes, fuertemente atrincherados, que contaban con el apoyo de los cañones antiaéreos, situados el techo de la torre del zoológico de Berlín, no fue hasta esa noche que los soldados del Ejército Rojo pudieron entrar al edificio. Las tropas alemanas en el interior estaban fuertemente atrincheradas. ​

Siguieron feroces combates habitación a habitación. En ese momento todavía había un gran contingente de soldados alemanes en el sótano que lanzaron contraataques contra el Ejército Rojo. Tras varias horas de intensos combates dentro del edificio, soldados del Ejército Rojo, se abren paso hacia el tejado y en la noche del día 30 hacen ondear desde allí la bandera de la Unión de Republicas Socialistas Soviética.

Soldados del Ejército Rojo, instalan la bandera en el techo del edificio del Reichstag, foto pág. Web.

Pese a este gesto, hasta el atardecer del día siguiente sigue la resistencia de grupos de soldados alemanes aislados en diversas salas del Reichstag.​ Para el 2 de mayo de 1945, el Ejército Rojo ya controlaba el edificio por completo.

Ese día, Berlín capitulaba. El día 7, en Reims (Francia) el general Alfred Jodl firmó la capitulación de toda Alemania, ante el general Dwight David Eisenhower; el día 8, en Berlín, el mariscal Wilhelm Bodewin Johann Gustav Keitel hizo lo propio ante el Ejército Rojo, representados por el mariscal Gueorgui Konstantínovich Zhúkov.

Keitel, en el centro, firmando ante los soviéticos la capitulación de Alemania, foto pág. Web.

El Acta de rendición se firmó en las afueras de Berlín el 8 de mayo de 1945 a las 22:43 hora local (el 9 de mayo a las 00:43 horas de Moscú). Es por esta diferencia horaria que el fin de la Segunda Guerra Mundial se celebra en Europa el 8 de mayo, mientras que en la disuelta URSS y luego en la Federación Rusa se hace el 9 de mayo. Aquel 9 de mayo, a las 21.00 horas de Moscú el entonces líder de la disuelta URSS, Joseph Stalin, pronunció un emotivo discurso, una hora después 1.000 cañones dispararon 30 salvas.

En total, 402 efectivos del Ejército Rojo recibieron el más alto grado de distinción de la disuelta URSS, el título de Héroe de la Unión Soviética, por su valor en los suburbios inmediatos de Berlín y en la ciudad misma. Los mariscales Zhúkov y Kónev recibieron su tercer y segundo título de Héroe de la Unión Soviética respectivamente, por su papel en el resultado de la batalla.

La sargento mayor de la Guardia médica de combate Liudmila Kravets, fue la única mujer que recibió el título de Héroe de la Unión Soviética en la Batalla de Berlín por sus valerosas acciones mientras servía en el 1er Batallón de Fusileros, del 63º Regimiento de Fusileros de la Guardia, de la 23ª División de Fusileros de la Guardia (subordinada al 3º Ejército de Choque del 1º Frente Ucraniano). ​Además, 280 soldados y oficiales del Ejército Rojo obtendrían la Orden de la Gloria de 1ra clase y alcanzarían el estatus de «Caballeros Completos de la Orden de la Gloria» por su heroísmo durante la Batalla de Berlín.

1.100.000 soldados del Ejército Rojo que participaron en la conquista de Berlín del 22 de abril al 2 de mayo de 1945 recibieron la Medalla por la conquista de Berlín.

En los últimos meses de la guerra e inmediatamente después, se descubrieron incontables campos de concentración y otras locaciones que habían sido usadas por los nazis para encerrar y exterminar a unas 12.000.000 de personas. El grupo más grande representado en esta cifra eran los judíos (la mitad del total según los Juicios de Núremberg), pero los gitanos, eslavos, protestantes, homosexuales y varias minorías y personas discapacitadas, así como también enemigos políticos del régimen nazi (particularmente comunistas) formaban el resto. El más conocido de estos campos es el campo de exterminio de Auschwitz, en el cual murieron 1,1 millones de prisioneros.

Según diversas valoraciones, la Gran Guerra Patria requirió un gran sacrificio de los pueblos de las Repúblicas la disuelta URSS, se estima que entre 21,6 y 27 millones de soldados murieron en la contienda y las pérdidas totales, entre militares y civiles, ascendieron a los 41 millones de personas.

El Ejército Rojo derrotó a la agrupación de las tropas nazis e hizo una contribución significativa a la liberación de los pueblos de más de una docena de países de Europa que habían sufrido la opresión nazi durante años.

Esta verdad humana, que es dura, amarga y despiadada, nos la han transmitido escritores y poetas. Sus historias honestas y profundas, novelas, prosa penetrante y poemas han dejado su huella en el alma para siempre. Honrar a los veteranos que hicieron todo lo posible por la Victoria y recordar a los que murieron en el campo de batalla se convierte en nuestro deber moral.

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