En Cuba, siempre es 26 de Julio

Autor  Javier Muñoz Ortiz, CITEL, Centro de Ideas Teniente Edgardo Lagos, Julio de 2021

 

“El 26 de julio de 1953 abrió una nueva fase en la historia de Cuba: la fase de la acción armada como método principal de lucha…”

Raúl Castro Ruz

 

Lo que sucedió un 26 de Julio de 1953 en Cuba:

El 10 de marzo de 1952 y mediante un golpe de Estado apoyado por la CIA, Fulgencio Batista y Zaldívar se hizo con el poder derrocando a Carlos Prío Socarrás. Para justificar el golpe, Fulgencio Batista y Zaldívar, alegó que Carlos Prío Socarrás, tenía sumido al país en la bancarrota, donde las drogas y el juego eran elementos habituales en el diario acontecer de la Isla (en realidad, Carlos Prío Socarrás, fue eliminado de la escena política cubana porque se estaba distanciando de los intereses del gobierno norteamericano, no a favor del pueblo sino de su propio bolsillo). Aunque aquella afirmación era cierta, el nuevo lacayo del imperio norteamericano (nuevo relativamente, porque entre 1940 y 1944 presidió por primera vez la República) no hizo otra cosa que agravar la ya caótica situación de la población cubana. Derogó la Ley Constitucional, promulgó nuevos Estatutos Constitucionales e hizo cesar las funciones del Senado y la Cámara de Representantes, al tiempo que generó un clima de contradicciones y definiciones, tanto a lo interior como hacia el exterior en los principales movimientos revolucionarios y partidos políticos existentes entonces en la nación.

La ruptura institucional creada privó a las organizaciones políticas de sus esperanzas de alcanzar el poder por las vías democráticas y dio inicio a una profunda crisis tras la cual aparecieron en el complejo tejido social diversas corrientes en el pensamiento político y en el modo de actuación de las mismas.

Catorce días posteriores al golpe, Fidel Castro Ruz en su condición de abogado, redacta y cursa por escrito Al Tribunal de Urgencia, su formal denuncia. Tras un pormenorizado y crítico análisis de los hechos en los que se ha involucrado Fulgencio Batista y Zaldívar, concluye señalando que el dictador “ha incurrido en delitos cuya sanción lo hacen acreedor a más de cien años de cárcel”.

A excepción de la clase dominante que había temido el triunfo del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos), el rechazo fue unánime. El estudiantado, fundamentalmente, el universitario, asumió diferentes posiciones políticas: una electoralista, dominada por politiqueros y otra revolucionaria, convencida de la necesidad de la lucha armada y de la puesta en práctica de transformaciones radicales.

Cuando se cumplían 100 años del nacimiento de José Martí, jóvenes de vanguardia revivieron sus enseñanzas patrióticas y antiimperialistas, al fundar la Generación del Centenario. En este movimiento Fidel Castro Ruz, y sus compañeros de lucha, censuraron la actitud vacilante asumida por la alta dirección del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo) y consideraron que era necesario apartarse de todos los partidos burgueses, totalmente corrompidos, a fin de llevar a cabo un movimiento verdaderamente revolucionario y popular. No aspiraban solamente a derrotar la tiranía batistiana sino a realizar una revolución que cambiara de raíz, la triste realidad en que estaba Cuba. El aporte fundamental de la Generación del Centenario fue su tesis de la lucha armada revolucionaria como vía para alcanzar la liberación del pueblo cubano.

En la composición de esta Generación del Centenario había una mezcla de sentimientos patrióticos, democráticos y progresistas; de verdadera pureza política y desinterés. Fue gente seleccionada en sectores humildes del pueblo, de entre los que tenían una actitud de oposición a Fulgencio Batista y Zaldívar. Se organizaban en células, tomando todas las medidas de seguridad, siendo el principio básico de la seguridad la compartimentación (sistema de comunicación interna que va de arriba hacia abajo por vías diferentes, de manera que cada combatiente o estructura conozca solo la parte que le corresponde saber para su trabajo, desconociendo lo realizado por combatientes o estructuras ajenas). El grupo de dirección era de mucha confianza, y seguían las reglas de la clandestinidad.

El pequeño grupo que trabajó en la organización de la Generación del Centenario era gente de ideas muy avanzadas, tenían cursos de marxismo. Fidel Castro Ruz expresa: “…Martí significó el pensamiento de nuestra saciedad, de nuestro pueblo en la lucha por la liberación nacional. Marx, Engels y Lenin, significaban el pensamiento revolucionario en la lucha por la revolución social. En nuestra patria, liberación nacional y revolución social se unieron como las banderas de la lucha de nuestra generación…”.

A principios de 1953 ya la Generación del Centenario, tiene estructurado el plan táctico para el inicio de la lucha armada (reclutan y preparan a los combatientes y acopian las armas al tiempo que desarrollan otras acciones).

Este plan tiene dos variantes. Una, tomarse los cuarteles Guillermón Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, recuperar las armas, hacer un llamamiento a la huelga general de todo el pueblo, partiendo de la situación de descontento y de odio hacia Fulgencio Batista y Zaldívar, y utilizar las estaciones nacionales de radio para un llamamiento a la huelga general. En caso de lograr el levantamiento nacional, o en el caso de que Fulgencio Batista y Zaldívar, pudiera reaccionar con fuerzas superiores y atacarlos en Santiago de Cuba, la variante era, con las armas recuperadas en los cuarteles, marchar a las montañas y librar la guerra irregular.

Para cumplir con el plan, se reunieron recursos con los cuales se compraron en las armerías existentes, 165 armas, principalmente rifles calibre 22 y escopetas de caza, con municiones para cazar venados y jabalíes. Esto se resolvió con combatientes que tenían credenciales de cazadores.

Se iniciaron los entrenamientos y prácticas de tiro que tuvieron lugar en la finca Santa Elena (Los Palos), antigua provincia de La Habana, hoy Mayabeque, finca Sánchez en Artemisa, en el Club de cazadores del Cerro, en la Universidad de la Habana, se entrenaban con un fusil M-1 Garand, el responsable de entrenamiento era el instructor Pedro Miret Prieto, que les permitía entrenar a jóvenes que no eran universitario.

Finca Santa Elena, archivo Juventud Rebelde

Para asegurar la acción se arrendo una pequeña finca de recreo, la granja Siboney, situada en las afueras de Santiago de Cuba, la arrendo un combatiente que vivía en la zona, la finca reunía las condiciones deseadas, estaba aislada, se ubicaba en una carretera que conducía directamente a las proximidades del cuartel, este combatiente santiaguino, tuvo dos misiones, arrendar la finca y realizar el estudio operativo del cuartel. Solo sabían de la misión cuatro combatientes, tres de la dirección (Fidel Castro Ruz, Abel Santamaría Cuadrado y Raúl Martínez Araras)  y el combatiente santiaguino.

Una vez arrendada la finca, la ocupo Abel Santamaría Cuadrado, segundo jefe en el ataque al cuartel Moncada, quien la preparo con la fachada de una granja avícola, al igual que preparo un barretin fijo, en un pozo seco, el cual sirvió para guardar las armas y los uniformes (uniformes del Ejército, que habían adquirido a través de un compañero que estaba en el Ejército de Fulgencio Batista y Zaldívar), en un recipiente se vertió tierra y se planto un árbol, esto sirvió como tapa del pozo, 19 automóviles que se utilizarían en el ataque, se escondieron en los corrales de pollos, en la cabaña se concentrarían los combatientes en el momento oportuno.

granja Soboney, archivo Bohemia

En esta finca, sólo se acopio los pertrechos y se trabajo en la fachada para no caer en sospecha.

Se escogió para la acción, el 26 de julio por ser domingo de carnaval, fiesta a la que tradicionalmente asistían personas de diferentes puntos de la isla, por lo cual la presencia de jóvenes de otras provincias no causaría extrañeza. El 24 de julio de 1953, comienzan a viajar a Santiago de Cuba diferentes grupos de jóvenes perteneciente a la Generación del Centenario, entre otros el grupo de José Suárez Blanco, quien imparte orientaciones a los Jefes de Grupo, para la salida de treinta (30) artemiseños para La Habana y de allí hacia Santiago de Cuba a cumplir su misión. Por razones de seguridad, se evitó escoger para el ataque al cuartel Guillermón Moncada a residentes de Santiago de Cuba.

El sábado 25 comenzaron a concentrarse los combatientes en la finca.

Plan General asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes

En la madrugada del domingo 26, ciento veinte y seis (126) combatientes, vestidos con uniformes del ejército y dirigidos por Fidel Castro Ruz, precisaban el plan de ataque al Cuartel Guillermón Moncada en la granja Siboney. Se organizaron tres grupos, el primero con veinte y dos (22) combatientes (Raúl Gómez García, Antonio Betancourt Flores, José Francisco Costa Velázquez, Juan Domínguez Díaz, Mario Muñoz Monroy, José Antonio Labrador, Pablo Cartas Rodríguez, Geraldo Antonio Álvarez Álvarez, Tomás Álvarez Breto, Roberto Mederos Rodríguez, Ramón Ricardo Méndez Cabezón, Félix Rivero Vasallo, Horacio Matheu Orihuela, Reemberto Abad Alemán, Juan Manuel Ameijeiras Delgado, Osvaldo Socarrás Martínez, Ramón Pez Ferro, Wilfredo Matheu Orihuela, Julio Trigo López, Julio Máximo Reyes Cairo, Haydée Santamaría Cuadrado “hermana de Abel” y Melba Hernández Del Rey) al mando de Abel Santamaría Cuadrado (segundo jefe del movimiento), con la misión de tomar el Hospital Civil Provincial Saturnino Lora, desde donde se apoyaría a los atacantes del cuartel. El segundo grupo de seis (6) combatientes (Lester Rodríguez Pérez, Mario Darmau de la Cruz, Abelardo García Ylls, José Ramón Martínez Álvarez y Ángel Sánchez Pérez) al mando de Raúl Castro Ruz, con la misión de tomar el Palacio de Justicia, en aquella época era uno de los edificios más altos de la ciudad y estaba cerca de las instalaciones del cuartel Moncada, desde la azotea se dominaba visualmente toda el área del campamento militar y sus edificaciones. De ahí el valor estratégico de su control como parte del plan para el ataque del cuartel y el tercer grupo de noventa y ocho (98) combatientes al mando de Fidel Castro Ruz, con la misión de atacar el Cuartel Guillermón Moncada, era la segunda fortaleza militar del país, que tenía más de mil hombres, la distancia de la Habana dificultaba el apoyo militar, Santiago de Cuba está rodeada de montañas.

plano de objetivos cuartel Moncada

 

Cuando todos estuvieron listos, se le dio lectura al Manifiesto del Moncada, redactado por el poeta Raúl Gómez García bajo la orientación de Fidel Castro Ruz. En él se caracteriza el ataque al Moncada como la continuación de la lucha histórica por la plena independencia y la libertad de la patria, se plasman los principios revolucionarios y los objetivos del movimiento, y se hace un llamado a la dignidad y la vergüenza del pueblo cubano. Raúl Gómez García leyó sus versos Ya estamos en combate y Fidel Castro Ruz, les dirigió la siguiente arenga: “Compañeros: Podrán vencer dentro de unas horas o ser vencidos; pero de todas maneras, ¡óiganlo bien, compañeros!, de todas maneras el movimiento triunfará. Si vencemos mañana, se hará más pronto lo que aspiró Martí. Si ocurriera lo contrario, el gesto servirá de ejemplo al pueblo de Cuba, a tomar la bandera y seguir adelante. El pueblo nos respaldará en Oriente y en toda la isla. ¡Jóvenes del Centenario del Apóstol! Como en el 68 y en el 95, aquí en Oriente damos el primer grito de ¡Libertado o muerte! Ya conocen ustedes los objetivos del plan. Sin duda alguna es peligroso y todo el que salga conmigo de aquí esta noche debe hacerlo por su absoluta voluntad. Aún están a tiempo para decidirse. De todos modos, algunos tendrán que quedarse por falta de armas. Los que estén determinados a ir, den un paso al frente. La consigna es no matar sino por última necesidad”. ​

Alrededor de las 04:45 horas, Fidel Castro Ruz, da las disposiciones para la marcha y comienza el movimiento, en primer lugar el grupo N°1, se moviliza en tres (3) automóviles en dirección al Hospital Civil Provincial Saturnino Lora; le sigue el grupo N°2, que se moviliza en dos (2) automóviles en dirección al Palacio de Justicia y el grupo N°3, que se moviliza en catorce (14) automóviles en dirección al cuartel Moncada.

En el ataque al cuartel Guillermón Moncada, el orden de las acciones era el siguiente, los combatientes del primer automóvil, al mando de Ramiro Valdés  Menéndez y los combatientes Jesús Montané Oropesa, Renato Guitart Rosell, Flores Betancourt Rodríguez, Pedro Marrero Aizpurúa, Carmelo Noa Gil, José Luis Tasende de las Muñecas y José Suárez Blanco, debían tomar la posta N°3, los demás combatientes que formaban la columna de automóviles, pasaban al interior del cuartel y tomaban sus dependencias, donde se encontraban los soldados durmiendo, esto apoyados desde los edificios ya tomados (el Hospital Civil Provincial Saturnino Lora y el Palacio de Justicia), todo lo anterior coronado con la sorpresa.

Los grupos dirigidos por Abel Santamaría Cuadrado y Raúl Castro Ruz, cumplieron su misión: la toma del Hospital Civil y el Palacio de Justicia. El grupo principal con 98 combatientes, dirigido por Fidel Castro Ruz, llegó al cuartel aproximadamente a las 05:00 horas, hasta la posta N°3, ¡Abran paso al general! exclamó con voz marcial el combatiente Renato Guitart Rosell, al llegar al lugar, logrando el desarme de los dos soldados que custodiaban la posta N°3, en ese momento, Fidel Castro Ruz que venía en el segundo vehículo, observa que por la acera de la izquierda, más o menos a 20 metros delante del vehículo, aparece una patrulla de dos soldados con ametralladoras Thompson (estos soldados que hacían ronda alrededor del cuartel, la habían puesto para reforzar la guardia mientras durara el carnaval, esto no estaba previsto). Ellos se dan cuenta de que algo ocurre en la posta N°3, a la vez que ven al segundo automóvil y toman posición de tiro, Fidel Castro Ruz sin pensarlo dos veces, dirige el vehículo contra ellos. Todos se bajan con sus armas. Uno de los combatientes, al bajarse del primer asiento por la derecha, hace un disparo, el primero que se escucha, comienzan todos a disparar, los dos soldados de ronda desaparecen. El tiroteo se generaliza. Las sirenas de alarma comienzan a sonar. Los combatientes que venían en los demás vehículos se bajan como estaba previsto y penetran en una edificación alargada, relativamente grande, con la misma arquitectura que las demás instalaciones militares del cuartel. Era el Hospital Militar, y penetran en él confundiéndolo con el objetivo que debían ocupar. Fidel Castro Ruz, entra en el hospital militar para sacar a los combatientes que equivocadamente ha penetrado en él. Habían copado solo la planta baja del edificio. Logra sacarlos y organizar de nuevo la caravana con siete automóviles y encaminarlos hacia el objetivo, la posta N°3 que custodiaba la entrada del cuartel, ya estaba tomada, de repente uno de los vehículos que viene atrás los pasa aceleradamente, se acerca a la entrada del cuartel, retrocede con igual rapidez, y choca a otro de los automóviles.

Los soldados en el interior del cuartel, se movilizan rápidamente y organizan la defensa. Los seis (6) combatientes que pudieron entrar al cuartel, se defendieron por 20 minutos, pero fueron aniquilados.

En aquellas adversas e inesperadas circunstancias, los combatientes mostraban notable tenacidad y valentía. Se produjeron heroicas iniciativas individuales, pero ya no había forma de superar la situación creada. El enemigo disparando y una inevitable desorganización en las filas de los combatientes. Se ha perdido el contacto con los grupos N°1 y N°2. Los de Abel Santamaría Cuadrado y Raúl Castro Ruz respectivamente, con los cuales no tienen comunicación, solo se guiaban por el ruido de los disparos, ya decreciente por parte de los combatientes del grupo N°3. La sorpresa, factor decisivo del éxito, no se había logrado.

el combate se entablo fuera del cuartel Moncada

Los combatientes se hallaban en total desventaja frente a un enemigo superior en armas y en hombres, atrincherado dentro de aquella fortaleza. De modo que los revolucionarios optaron por retirarse, luego de combatir durante dos horas y cuarenta y cinco minutos, aproximadamente. En el combate los combatientes causaron al ejército veinte y ocho (28) bajas, de ellas once muertos y diecisiete heridos.

En caso de no poder tomar el cuartel, la orden era retirarse a la granja Siboney para, desde allí, procurar llegar a las montañas de la Sierra Maestra y proseguir la lucha. Ante los hechos, Fidel Castro Ruz, ordenó retirada. La orden no fue conocida por Abel Santamaría Cuadrado y su grupo, que permanecieron dentro del hospital civil, fueron apresados, y fusilados por el ejército, la retirada no resultó como estaba planificada.

Inmediatamente después de estos hechos, el gobierno reaccionó con una brutal represión. Fulgencio Batista y Zaldívar, decretó el estado de sitio en Santiago de Cuba y la suspensión de las garantías constitucionales en todo el territorio nacional; clausuró el periódico Noticias de Hoy, órgano del Partido Socialista Popular, y aplicó la censura a la prensa y la radio de todo el país. Creaba así las condiciones para lanzar a los cuerpos represivos con violencia y sin riesgo de publicidad contra la rebeldía popular.

Excepto unos pocos combatientes que pudieron escapar ayudados por el pueblo, casi todos los demás fueron capturados y gran parte de ellos asesinados en los días sucesivos. Sólo 6 combatientes del grupo que tenían la misión de atacar el Cuartel Moncada habían perecido en la lucha; pero las fuerzas represivas del régimen asesinaron a 55 combatientes prisioneros, sus cadáveres fueron colocados en diferentes partes del Cuartel, para luego presentarlos como caídos en combate.

 

la tirania asesinó a 55 combatientes prisioneros

En la Granja Siboney, se reúnen Fidel Castro Ruz y otros diecinueve (19) combatientes, de ellos 10 artemiseños y desde allí se dirigen a las montañas de la Gran Piedra, para continuar allá la lucha.

Desconocedores de la zona y luego de caminar incesantemente por varios días, dispersos y agotados, el grupo integrado por Fidel Castro Ruz, José Suárez Blanco, Juan Almeida Bosque, Mario Chanes de Armas, Oscar Alcalde y otros siete (7) combatientes, fueron sorprendidos y arrestados por el teniente Pedro Sarría y su tropa, en un bohío (cabaña) de la finca Las Delicias, de Manuel Leizán, cerca de Santiago de Cuba. El teniente Pedro Sarría, protegió la vida de Fidel Castro Ruz y demás combatientes y los condujo al recinto carcelario ubicado en calle Aguilera 131, esquina Padre Pico de la ciudad de Santiago de Cuba (cárcel popularmente llamada Vivac, debido a que en este sitio las tropas vivaqueaban “descansaban” y le daban de comer a sus animales), para presentarlo ante los tribunales.

Cárcel el Vivac

El arzobispo católico de Santiago de Cuba, Enrique Pérez Serantes dio garantías que se les perdonaría la vida a todos los atacantes capturados. Fulgencio Batista y Zaldívar, había dado la orden al ejército después de algunos días del ataque, de respetar la vida de los prisioneros.

Los combatientes fueron enjuiciados y condenados a prisión. Fidel Castro Ruz fue condenado a 15 años de cárcel, y Raúl Castro Ruz a 13 años.

Moncadistas prisioneros

Al mismo tiempo que era asaltado el Cuartel Guillermón Moncada, en Santiago de Cuba, 25 combatientes dirigidos por Raúl Martínez Ararás tenían la misión de asaltar el Cuartel Carlos Manuel de Céspedes en Bayamo.

Las armas para la acción llegan por tren en horas del mediodía del 25 de julio de 1953, a la ciudad de Bayamo, eran fusiles calibre 22, escopetas calibre 12 y 16 y algunas pistolas y revólveres. Después de una leve demora, son llevadas al hospedaje Gran Casino, lugar seleccionado para concentrar a los combatientes. Después de las 23:00 horas, los combatientes acuartelados, se reparten las armas y los uniformes militares para realizar la acción, y estudian el plano y las fotografías del cuartel.

La misión consistía en que Raúl Martínez Ararás (jefe del grupo), vestido de militar, se acercaría a la entrada principal del cuartel acompañado por un vecino de la ciudad, muy conocido por la guarnición, quien identificaría a su amigo, un soldado que andaba de franco, y solicitaría que le permitieran pasar la noche allí con el argumento de que al otro día seguirían para Santiago de Cuba. Una vez adentro, desarmarían a la posta y abrirían la reja de entrada para darles paso a los demás combatientes. Estos se encargarían de neutralizar a los restantes soldados que dormían y así culminar la ocupación del cuartel.

Estaba previsto, además de la toma del cuartel, que poco después un destacamento de mineros destruyera con explosivos el puente de la Carretera Central sobre el río Cauto, a pocos kilómetros al norte de Bayamo, ya que los primeros refuerzos podrían venir del regimiento de Holguín y luego del resto del país. Al no presentarse el ciudadano que serviría de acompañante al jefe de la acción, Raúl Martínez Ararás decide activar el plan secundario.

Cuartel Carlos Manuel de Céspedes

Veinticinco (25) combatientes, Adalberto Ruanes Álvarez, Agustín Díaz Cartaya, Andrés García Díaz, Ángel de la Guardia Guerra Díaz, Antonio Darío López García, Antonio López Fernández (Ñico López), Armando Arancibia García, Calixto García Martínez, Enrique Cámara Pérez, Gerardo Pérez Puelles, Hugo Carmejo Valdés, José Testa Zaragoza, Lázaro Hernández Arroyo, Luciano González Camejo, Mario Martínez Araras, Orestes Abad Lorenzo, Orlando Castro García, Pablo Agüero Guedes, Pedro Celestino Aguilera, Pedro Veliz Hernández, Rafael Freyre Torres, Ramiro Sánchez Domínguez, Rolando Rodríguez Acosta y Rolando San Román de la Llama, dirigidos por Raúl Martínez Ararás, quien da las disposiciones para la marcha, comienzan el movimiento hacia el objetivo, dando cumplimiento así, al plan secundario.

Al llegar a la parte posterior del cuartel, comenzaron a avanzar sigilosamente, para introducirse al recinto, tenían que atravesar dos cercas. Pasaron por debajo la primera, pero entre esta y la segunda encontraron un obstáculo inesperado: un montón de latas de conserva, con las que tropezaron y el ruido puso sobre aviso a la posta del cuartel.

Fracasado el factor sorpresa del que dependía el éxito de la acción, el débil armamento de los revolucionarios no podía enfrentar con efectividad el fuego de los militares, y los revolucionarios decidieron retirarse.

misión de asalto al cuartel Carlos Manuel de Céspedes

En el momento del ataque no muere ninguno de los combatientes, solo Gerardo Pérez Puelles resulta herido. Posteriormente comienza una cacería sangrienta que  termina con el asesinato de diez (10) combatientes, Andrés García Díaz escapó milagrosamente, ya que los soldados, dejaron su cuerpo, creyéndolo muerto, junto a los cadáveres de Hugo Carmejo Valdés y Pedro Veliz Hernández. Más tarde se alejó del lugar, recibió ayuda y presentó su testimonio en el juicio realizado posterior a los hechos.

Muertos en combate en el asalto al cuartel Guillermón Moncada; Carmelo Noa Gil, Flores Betancourt Rodríguez, Gildo Fleitas López, José de Jesús Madera Fernández, Pedro Marrero Aizpurúa, Renato Guitart Rosell. Asesinados después del asalto al cuartel Guillermón Moncada; Abel Santamaría Cuadrado, Alfredo Corcho Cinta, Andrés Valdés Fuentes, Antonio Betancourt Flores, Armando del Valle López, Elpidio Sosa González, Emilio Hernández Cruz, Félix Rivero Vasallo, Fernando Chenard Piño, Gerardo Antonio Álvarez Álvarez, Gilberto Barón Martínez, Giraldo Córdova Cardín, Gregorio Careaga Medina, Guillermo Granado Lara, Horacio Matheu Orihuela, Ismael Ricondo Fernández, Jacinto García Espinosa, José Antonio Labrador Díaz, José Francisco Costa Velásquez, José Luis Tasende de las Muñecas, Juan Domínguez Díaz, Juan Manuel Almejeiras Delgado, Julio Reyes Cairo, Julio Trigo López, Manuel Enrique Isla Pérez, Manuel Gómez reyes, Manuel Rojo Pérez, Manuel Saiz Hernández, Marcos Martí Rodríguez, Mario Muñoz Monroy, Miguel Ángel Oramas Alfonso, Oscar Alberto Ortega, Osvaldo Socarras Martínez, Pablo Cartas Rodríguez, Ramón Ricardo Méndez Cabezón, Raúl Aguilar Fernández, Raúl Gómez García, Reemberto Abad Alemán, Reinaldo Boris Luis Santa Coloma, Rigoberto Corcho López, Roberto Mederos Rodríguez, Tomas Álvarez Breto, Víctor Escalona Benítez, Virginio Gómez Reyes, Wilfredo Matheu Orihuela. Asesinados después del asalto al cuartel Carlos Manuel de Céspedes; Ángel de la Guardia Guerra Díaz, Hugo Carmejo Valdés, José Testa Zaragoza, Lázaro Hernández Arroyo, Luciano González Camejo, Mario Martínez Araras, Pablo Agüero Guedes, Pedro Veliz Hernández, Rafael Freyre Torres, Rolando San Román de la Llama.

mártires del Moncada

Fidel Castro Ruz, fue separado del resto de los Moncadistas (así bautizo el pueblo a los jóvenes revolucionarios que asaltaron los cuarteles) y juzgado en una pequeña sala del Hospital Saturnino Lora, habilitada para la ocasión. Era el 16 de octubre de 1953 y, en su autodefensa, pronunció su alegato conocido como La historia me absolverá.

Sobre las escenas de aquel día histórico, la periodista Marta Rojas escribió:

El acusado doctor Fidel Castro no ha hecho ni un alto en su informe, a veces alza la voz, y él mismo se contiene, en instantes se inclina sobre la mesita (que tiene de frente) y casi habla en secreto, a medida que habla, improvisando siempre, hay más silencio en el recinto, no se escucha ningún otro sonido más que su voz pausada, como si conversara con todos, mira fijo al tribunal que lo atiende con gusto. El Ministerio Público (Fiscal) a veces parece querer incorporarse para sacarle las palabras de la boca; los soldados están apiñados en la puerta y no disimulan su atención. A veces posa su vista en el retrato de Florence Nighingale que preside el saloncito de las enfermeras y parece que conversa con ella. No tiene un papel, ni un libro con él”.

La historia me absolverá, no solo fue un alegato político. Incluyó las bases para desarrollar un programa socialista y rompía el silencio que la dictadura había impuesto.

La intervención de Fidel Castro Ruz, duró cuatro horas, en las cuales denunció el golpe de estado, los crímenes contra sus compañeros y su programa de gobierno que luego se cumpliría al triunfo de la Revolución. Este sería distribuido más tarde por Melba Hernández  Rodríguez del Rey, Haydée Santamaría Cuadrado, quienes plancharon las hojas que Fidel Castro Ruz, enviaba desde prisión escritas con zumo de limón para no ser descubierto.

 “En cuanto a mí, sé que la cárcel será dura como no lo ha sido nunca para nadie, preñada de amenazas, de ruin y cobarde ensañamiento, pero no la temo, como no temo la furia del tirano miserable que arrancó la vida a setenta hermanos míos. Condenadme, no importa, la historia me absolverá”.

Fidel Castro Ruz, el 16 de octubre en la pequeña sala de estudios de las enfermeras. Aparecen de espalda, los magistrados. Baudilio Castellanos, abogado de oficio, defensor del asaltante Abelardo Crespo (en la cama Fowler, herido en un pulmón), la salita fuertemente custodiada por los militares. Dibujo: Periódico Granma / Sitio Fidel Soldado de las Ideas.

 

Un día después, el Ministro de Gobernación, Ramón Heredia, dispuso que los moncadistas, fuera trasladados al Reclusorio Nacional de la Isla de Pinos (hoy Isla de la Juventud). Según las disposiciones del Tribunal deberían permanecer en locales especiales, separados de los presos comunes. En aviones DC-3, del ejército, bajo fuerte custodia militar fueron trasladados desde la provincia de Oriente hasta la Isla de Pinos.

Fueron ubicados, en una de las salas del hospital del presidio, separados de los presos comunes por una pared de ladrillos que fue levantada para ese fin. Poco después se le permitió recibir una visita al mes y alguna correspondencia, que siempre era severamente revisada y censurada. Los moncadistas crearon una cooperativa para que los recursos que les llegaban fuesen repartidos a partes iguales, nombraron como responsable de las existencias de la misma a José Suárez Blanco.

Los meses de prisión no mermaron un ápice las ansias libertadoras de los revolucionarios, todo lo contrario; entre sus rejas fueron definiendo su condición ideológica.

Los moncadistas nunca aceptaron la libertad a cambio de condiciones previas y deshonrosas propuestas en algún momento por sus adversarios. El 24 de diciembre de 1953, se negaron a aceptar la cena especial, en protesta por los asesinatos cometidos por el ejército y la guardia rural durante los sucesos de la toma de los cuarteles.

El 12 de febrero de 1954, cuando el dictador Fulgencio Batista y Zaldívar, visitaba el Penal para inaugurar la planta eléctrica de la prisión, los moncadistas entonaron a toda voz la Marcha del 26 de Julio. Fulgencio Batista y Zaldívar, prestó atención a la letra y visiblemente disgustado sólo preguntó quiénes cantaban, luego abandonó rápidamente el reclusorio. Por esta acción fueron castigados.

Con las elecciones adulteradas de 1954, donde hasta los muertos aparecieron como votantes, el régimen tiránico de Fulgencio Batista y Zaldívar, quiso dotarse de una aparente legalidad democrática y tras varios indultos a opositores, anunció una amnistía de los centenares de presos políticos hacinados en cárceles cubanas. Pero la lista de los posibles excarcelados excluía a Fidel Castro Ruz y los Moncadistas.

La protesta ante tal exclusión, iniciada por los familiares de estos, se fue transformando, bajo las orientaciones de Fidel Castro Ruz, en una formidable campaña nacional apoyada por diversos sectores de la sociedad.

La presión popular aumentaba cada días. Dentro del marco de la limitada libertad concedida por la tiranía, gran parte de la prensa radial y escrita, más proclives al afán de obtener mayores audiencias que de asumir una correcta posición política, ofrecieron sus espacios a los partidarios de la excarcelación sin condiciones, lo que contribuyó a generalizar aún más un estado de opinión favorable a la amnistía.

El formidable despliegue publicitario en torno a la amnistía trajo de nuevo al debate público los hechos del 26 de julio de 1953 y los crímenes cometidos durante aquellos días por el régimen tiránico.

Por otra parte, la campaña sirvió para que los moncadistas contactaran con otros grupos y elementos auténticamente revolucionarios.

El 10 de marzo de 1955, se presentaron en ambas cámaras del Congreso Cubano respectivos proyectos de amnistía general. El 6 de mayo, luego de ser aprobados por ambas cámaras del Congreso Cubano, Fulgencio Batista y Zaldívar, firmó la Ley de amnistía que ponía en libertad a todos los presos políticos, incluidos los asaltantes de los cuarteles Guillermón Moncada y Carlos Manuel de Céspedes que cumplían su condena en el presidio de la otrora Isla de Pinos.

Al mediodía del domingo 15 de mayo de 1955, un oficial de la prisión avisa que los asaltantes comenzarán a salir en tres grupos con intervalos de más de 30 minutos. Fidel Castro Ruz, estuvo en el segundo. Descienden con sus maletas la escalinata hasta la explanada del penal, donde los esperan familiares, periodistas y fotógrafos que captan ese instante que ha perdurado como la imagen visual de la excarcelación.

Presidio modelo, Isla de Pinos, actual Isla de la Juventud
Salida del presidio Modelo 1955

El 26 de Julio como movimiento:

En una reunión clandestina efectuada el 12 de junio de 1955, en la calle Factoría N°62, entre Corrales y Apodaca, en La Habana Vieja, constituyen la organización político-militar Movimiento 26 de Julio (M-26-7), la dirección nacional queda integrada por: Fidel Castro Ruz, Melba Hernández  Rodríguez del Rey, Haydée Santamaría Cuadrado, Antonio López Fernández, Pedro Miret Prieto, José Suárez Blanco, Pedro Celestino Aguilera, Faustino Pérez Hernández, Armando Enrique Hart Dávalos, Luis Barreto Milián, Jesús Montané oropesa y Juan Manuel Márquez.

Bandera del Movimiento 26 de Julio

En la composición inicial, el Movimiento 26 de julio, se formó con los sobrevivientes de los asaltantes a los cuarteles Guillermón Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, y posteriormente, con miembros del Movimiento Nacional Revolucionario, dirigido por Rafael García Bárcenas, y con la mayor parte de la Juventud Ortodoxa. Poco después se uniría Acción Nacional Revolucionaria dirigido por Frank Isaac País García. Debido a la amplitud ideológica y a su objetivo de derrocar la tiranía, el M-26-7 iría rápidamente sumando a jóvenes de las más diversas procedencias políticas. Su estrategia definida era la lucha armada, apoyada en la movilización general de las masas.

Su programa, de carácter popular avanzado, se identificaba con los anhelos de las amplias masas. Ello queda demostrado en el Manifiesto N°1 del 26 de Julio al Pueblo de Cuba, donde expresa: “El 26 de julio se integra sin odios contra nadie. No es un partido político sino un movimiento revolucionario; sus filas estarán abiertas para todos los cubanos que sinceramente deseen restablecer en Cuba la democracia política e implantar la justicia social. … porque esta revolución ha de ser por encima de todo una revolución de pueblo, con sangre de pueblo y sudor de pueblo”.

A diferencia de las otras fuerzas, presentó un programa, definió una filosofía de lucha coherente, de alto humanismo y rigurosos principios éticos-morales, políticos, sociales y jurídicos, expresada en la organización y conducción de la lucha armada y no armada; la política hacia el adversario, hacia los oficiales, clases y soldados enemigos capturados; hacia los aliados estratégicos del gobierno de Fulgencio Batista y Zaldívar; hacia la población campesina y urbana, y en las zonas de acciones combativas; el tipo de lucha armada y la estructura político militar para cada momento; hacia las relaciones con los partidos políticos, movimientos y organizaciones; la preparación y selección de los cuadros para la conducción de las acciones armadas y no armadas, y la participación popular en la lucha contra la tiranía.

Durante 1955 y 1956 el M-26-7 se dedica a organizarse en todo el país mediante direcciones provinciales y territoriales, una parte de la Dirección Nacional, incluyendo a Fidel Castro Ruz, viajan a México, el 7 de julio, radicándose en la Ciudad de México, donde organizaron y entrenaron a un núcleo guerrillero con el fin de desembarcar en Cuba e iniciar la lucha armada.

Fidel Castro Ruz, viaja a los Estados Unidos en 1955 para organizar a la dispersa emigración cubana y recaudar fondos, para la insurrección. En un gran acto en Palm Garden ante un nutrido grupo de emigrados, dio a conocer algo más que una promesa, un compromiso de honor con su pueblo sometido a la dictadura de Fulgencio Batista y Zaldívar. “… Puedo informarles con toda responsabilidad que en el año 1956 seremos libres o seremos mártires. Esta lucha comenzó para nosotros el 10 de marzo, dura ya casi cuatro años y terminará el último día de la dictadura o el último día nuestro”.

Como parte de los preparativos para reiniciar la lucha armada en Cuba, tuvo lugar el encuentro de Fidel Castro Ruz, como líder del  Movimiento 26 de Julio y el líder estudiantil y del Directorio Revolucionario José Antonio Echeverría, en agosto de 1956. Ambos firmaron lo que se conoció históricamente como la Carta de México, en la que ambas organizaciones decidieron unir sus esfuerzos en el propósito de derrocar la tiranía y llevar a cabo la revolución cubana.

De izquierda a derecha, Popi Corpión, José Antonio Echeverría, Fidel Castro, René Anillo y Rafael del Pino durante la primera visita de José Antonio Echeverría a México donde redactan y firman “La Carta de México”, 29 de agosto de 1956, fotografía Cuba debate.

 

Durante su estancia en el país azteca, Fidel Castro Ruz, multiplicó sus actividades y fue el factor decisivo de unidad para los revolucionarios cubanos, unos dispersos en el exilio y otros en la propia Cuba, muchos de los cuales integraron el proyecto revolucionario bajo estrictas medidas de compartimentación.

Entre ellos se destacó un argentino, Ernesto Guevara de la Serna, y un vendedor de una tienda habanera llamado Camilo Cienfuegos Gorriarán, quienes poco después se convertirían en Comandantes legendarios en la Sierra Maestra.

A pesar de la vigilancia y planes de asesinato contra Fidel Castro Ruz, que dirigen los servicios represivos de la dictadura desde la embajada cubana, y las propias redadas de la policía mexicana que ocuparon armas y detuvieron a revolucionarios, estos concluyeron su etapa de preparación para fines de 1956, encontrándose listos para arribar a la Isla.

El 10 de octubre, compran el Yate Granma a la empresa Schuylkill Products Company Inc, inscrito en el puerto de Tuxpan, para realizar navegación de altura y emplearse como tráfico de recreo o viajes para pasar fines de semanas en el mar.

Yate Granma

Así llegó el 25 de noviembre, con las luces apagadas, el Yate Granma, con Fidel Castro Ruz como jefe de ochenta y uno (81) expedicionarios comenzó a navegar sigilosamente por las quietas aguas del río Tuxpan; debía burlar la vigilancia del faro y un puesto naval de la marina mexicana existente en la salida al mar abierto.

En la madrugada del 28 se adentraban en el Mar Caribe y el 29 por la madrugada se ordenó prepararse para el combate, pues se acercaban dos naves sospechosas; sin embargo, eran dos pesqueros que siguieron de largo.

En una zona de mangles nombrada Los Cayuelos, a dos kilómetros de la playa Las Coloradas (que es donde debieron haber desembarcado), encalló el Granma, lo cual obligó a desembarcar. Eran las 06:50 horas del 2 de diciembre de 1956. Fidel Castro Ruz, cumplió con el contenido de su histórica frase: En el año 1956 seremos libres o seremos mártires.

Travesía de los expedicionarios del Yate Granma

La idea táctica del desembarco, estaba prevista para 30 de noviembre. Ese día, iba a ver un alzamiento en Santiago de Cuba, con el objetivo de apoyar el desembarco, una vez en tierra, los combatientes se dirigirían hacia Niquero y Pilón, en los camiones que los debían estar esperando, para dirigirse a la Sierra Maestra. Sólo que, por el atraso de casi dos días en la llegada, el ejército de la tiranía ocupó casi todas las costas orientales.

Desembarco de los expedicionarios

Los combatientes debieron atravesar los manglares hasta llegar a tierra firme, el cansancio, el extravío de algunos compañeros, el fuego de la aviación contra los manglares de Las Coloradas por donde transitaban, el 5 de diciembre de 1956, llegan a un monte, cercano a un cañaveral de la colonia nombrada Alegría de Pío, donde se produjo el sorpresivo encuentro con las fuerzas de la tiranía que sembró la confusión y la dispersión en los revolucionarios

Luego de un mal comienzo y gran cantidad de bajas, el 18 de diciembre de 1956, en Cinco Palmas, Purial de Vicana, volvieron a reunirse Fidel Castro Ruz y Raúl Castro Ruz, contando entonces con ocho hombres y siete armas. Fue allí cuando Fidel Castro Ruz profetizó que “¡Ahora sí ganamos la guerra!”.

Para el Movimiento 26 de julio, la unidad en todo tipo de operación constituyó el pilar fundamental del cual dependía la victoria; posición de principios, expresada en su proyección hacia el pueblo en general y, en particular, hacia los partidos y movimientos políticos en la etapa de lucha armada, como hacia los simpatizantes, independientemente de donde se encontrarán: en Cuba, las prisiones o en el exilio.

A menos de un año de iniciada la acción armada, el 12 de agosto de 1957, la Dirección Nacional se dirigió al pueblo de Cuba para organizar los comités de huelga en los talleres, fábricas, comercios, industrias, colegios, etc., precisando que todos los trabajadores, empleados, y profesionales, deben integrar estos comités, por encima de militancias políticas o partidismos políticos, empeño patriótico, que ha de tener un solo objetivo: la Huelga General, y una sola idea: Cuba.

En octubre de 1958 se emite otro documento de gran valor unitario, dirigido A todos los simpatizantes del Movimiento 26 de Julio en el que precisa que “… ha creado las Células Revolucionarias de Base, para canalizar debidamente la enorme corriente de simpatía hacia el 26 de Julio y el Ejército Rebelde, las cuales … realizarán trabajos de base en el movimiento, tales como: vender bonos del “26 de Julio”; repartir propaganda, conseguir casas para reuniones y refugio; conseguir carros para transporte de personas o mercancías, obtener suministros para las fuerzas rebeldes y otras labores de gran importancia para la Revolución cubana”.

La proyección estratégica del M-26-7 sobre la unidad se encaminó también hacia su interior, hacia el fortalecimiento interno de la propia organización. En tal sentido, las reuniones de la Dirección Nacional en la Sierra Maestra, presididas por Fidel Castro Ruz, tuvieron gran significación. La primera fue celebrada en ocasión de la entrevista de Fidel Castro Ruz con el periodista norteamericano Herbert Matthews, el 17 de febrero de 1957 y tuvo extraordinaria trascendencia, pues en ella se analizaron los hechos ocurridos, la situación del Movimiento 26 de Julio, las experiencias ganadas; se ratificó la estrategia de lucha armada y huelga general, se acordó el refuerzo con hombres y armas a la guerrilla, la reorganización y el fortalecimiento de la organización en todo el país.

De gran valor también resultó la reunión celebrada en Altos de Mompié, convocada por Fidel Castro Ruz, el día 3 de mayo de 1958, para discutir sobre los errores de la huelga del 9 de abril y las relaciones entre los miembros de la Dirección Nacional en el Llano y la Sierra, así como las decisiones que se adoptarían para la conducción político militar futura de la insurrección. Entre sus acuerdos principales estuvieron la reestructuración de la Dirección Nacional en cuyo frente se encontraría Fidel Castro Ruz, designado Secretario General del Movimiento y Comandante en Jefe de todas las fuerzas, incluidas las milicias; el cambio de nombre del Ejército Revolucionario del Movimiento 26 de Julio por el de Ejército Rebelde para que los militantes de cualquiera de las organizaciones revolucionarias que luchaban contra la tiranía pudieran ingresar en sus filas, y como expresión de unidad entre todos los combatientes. De igual modo, se ratificó que todos los sectores obreros tenían derecho a participar en los comités de huelga, aspecto señalado por el comandante en jefe Fidel Castro Ruz en su llamamiento del 26 de marzo de 1958, y que el Frente Obrero Nacional (FON) debía ser un organismo de unidad de todos los sectores obreros, tal como había sido concebido.

Respecto a la unidad con los demás sectores y grupos que combatían a Fulgencio Batista y Zaldívar, se mantuvo la tesis de que debían coordinarse en la base los esfuerzos de todas las organizaciones revolucionarias, sin que por ello hubiera que constituir un organismo único, ratificándose los planteamientos del comandante en jefe Fidel Castro Ruz del 14 de diciembre de 1957, acerca de que la Dirección Nacional estaba dispuesta a hablar con los dirigentes de cualquier organización oposicionista, para coordinar planes específicos y producir hechos concretos que se estimaran útiles al derrocamiento de la tiranía, lo que equivalía a decir que había que ir a la Sierra a tratar estos asuntos.

Estos acuerdos tuvieron notable significación en el curso posterior de la lucha antibatistiana ya que ratificaron la autoridad, el prestigio y el liderazgo del Comandante en jefe Fidel Castro Ruz; el movimiento revolucionario salió más fortalecido, con mayor experiencia. cohesión y con una perspectiva de la victoria que se obtendría; el M-26-7 asumió una posición de mayor acercamiento hacia el Partido Socialista Popular (PSP) y este a su vez tomó una decisión más firme a favor de la lucha armada y reconocer, de hecho, a la guerrilla del M-26-7 como la fuerza principal para derrocar al tirano.

En la Sierra Maestra, el Movimiento 26 de Julio preparó política y militarmente a sus integrantes, fundó el Ejército Rebelde, organizó y dirigió la lucha clandestina en el Llano y las ciudades, llamó a la huelga general revolucionaria que paralizó al país, creó sus órganos de divulgación y educación del pueblo y de sus propias filas. A través de la acción armada aniquiló a las tropas del régimen batistiano y tras la toma del poder, cinco años, cinco meses y cinco días después de los asaltos a los cuarteles Guillermón Moncada de Santiago de Cuba y Carlos Manuel de Céspedes de Bayamo se proclamó el triunfo de la Revolución.

No es extraño que en Cuba, pues, el 26 de Julio de 1953 sea mucho más que una fecha y que, coincidiendo con ésta, cada año se celebre el Día de la Rebeldía Nacional.

Himno del 26 de Julio (letra actual)

Marchando, vamos hacia un ideal
sabiendo que hemos de triunfar
en aras de paz y prosperidad
lucharemos todos por la libertad.

II

Adelante cubanos
que Cuba premiará nuestro heroísmo
pues somos soldados
que vamos a la Patria liberar
limpiando con fuego

III

que arrase con esta plaga infernal
de gobernantes indeseables
y de tiranos insaciables

que a Cuba han hundido en el mal.

IV

La sangre que en Cuba se derramó
nosotros no debemos olvidar
por eso unidos debemos de estar
recordando a aquellos que muertos están.

V

El pueblo de Cuba…
sumido en su dolor se siente herido
y se ha decidido…
hallar sin tregua una solución
que sirva de ejemplo

VI

a ésos que no tienen compasión
y arriesgaremos decididos
por esta causa hasta la vida
¡que viva la Revolución!

 

Para obtener documento completo en formato PDF pinche aqui >>>>> En Cuba, siempre es 26 de Julio

 

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